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Full text of "Jose Marmol El Cruzado"

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El mim. 


DRAMA EN S ACTOS 


EN TEBSO, 


JOSÉ MÁBMOL 


MONTEVIDEO; 

I 8 S i. 


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Imp^ Uruguay anót* 


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PERSONAJES. 


Luis VII. 

Eleonora (esposa de Luis) . 

Alfredo. 

Celina. 

Alberto. 

Rayroundo (rey do Antioquia). 

Ebrardo de Barres (G. Maestre de ios Templarios). 

Bernardo. 

Jilbcrto. 

El G. Maestre de los Hospitalarios. 

Jaimar. 

Daniel. 

Isabel (Condesa de Neters). 

Paje 1.* 

Paje 2.” 

Caballero 1." 

Caballero 2." 

Damas, Caballeros, Escuderos, soldados de la Cruz, soldados Musulmanes. 


La eicena pasa en Asia por los dúos de 1142 á 44. 

El primer acto en el Desierto, el 2. ® 3. » y 4. ® en Aniioquís, el 5. ® ^unto í los 
vúiiroB de Damasco, 


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ACTO ntlHERO. 


Tienda de Campaffa>^peciueaas mesaa con pebeteros encendidos. 


ESCENA 1.a 


Alfredo y Cetina. 


Celina con oo lojoao traje Oriental, dormida aobre cojines de damasco: Alfredo i sus piea^ 
va amaneciendo y ae oye el siguiente canto, 


Ven, aroma de ta Arabia, 
Rica perla de Basora, 

Ven, que mueren las estrenas 
Porque aparece la aurora. 
Como vapor de azahares 
Se ecsale tu dulce sueño; 
Despierta, desde la Meca 
Quiere mirarte tu dueño. 

Ya la oración á rezarse 
Alá es grande, poderoso, 

.Con huris de ojos brillantes 
Tiene un serrallo precioso. 
Ven, hermana de Nourddio, 

A ofrecerle tus amores; 

Ven, después irás al baño 
Y á la gruta de las dores. 


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EL CRUZADO. 




Cel. Esperad: pronto á vosotros 
Irá á reunirse Celiná, 

Y saludará la Meca 
Besando la arena tibia. 

Pero, esperad: aquí tengo 
^ Otro Dios del alma mía; 

A él el primero le debo 
La voz primera que diga, 
t Cuan ajUado su sueño t 
¡ Como el corazón palpita 
Con vigoroso poder 1 1 
Aun en su rostro se mira 
La espresion de las pasiones 
Que al lado de su Celina 
Lo conmovieron el alma. 
Noche de amor y delicias. 
Palmeras que habéis servido 
De dosel á nuestras dichas; 
Brisa sutil del desierto 
Que habéis llebado las chispas 
"“De nuestras almas de fuego; 
Desierto que las abrigas; 
Cielo, espacio, flores, vientos 
Repetid las armonías, 

Con que vibraron anoche 
Nuestras dos almas unidas. 
Profeta de Alá que disto 
Tu misma alma á tus hijas; 
Tá, que de amor los alientos 
Por el desierto deslizas 

Y se arden los corazones 
Al punto que los respiran; 
Infunde en este europeo 
La Iqz de fé qne me guía, 

Y mas que ama á los mortales 

Sepa adorarte 

Alf. \ Celina ! 

Cel. Alfi’edo 1 

Alf. Dueño dcl alma, 

Aun en mis venas se ajita 
La dulce májía que anoche 




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E L C R ü Z A D"0 . 


Por mis venas discurría I 
¿ Y lú bien mío ? 

Cei.. De oro, 

Y de imájenes floridas 
Han sido mis sueños. 

Ale, Ah ! 

Le pingo á la suerte mía 
Entremezclar en los sueños 
De esta noche peregrina, 
Recuerdos tristes, amargos 

De mi desgraciada vida 

Cel. Siempre ajilado soñando 

Con esa nube sombría 

Que ya pasó. ¿ No se calmati 

Tus penas con las delicias ? 

¿ El presente no es de flores ? 

¡ Ab ! tú no amas á Celina I 
Alf. Que no te amo? ¡Qué dices IM 
Cuando el Sol roas ilumina, 

Di que está negro el espacio; 

Y en la noche-mas umbría. 

Di que brilla el Armamento; 
Dique el desierto no anida 
Un grano solo- de arena. 

Di por fin que el alma mía 
No está en mi pecho encerrada, 

Y dime después; Celina, 

Que estoy mintiéndote, amor. 

Cel. Encanto del alma ! 

Mira. 

Hay en el mundo una tierra, 

(Mal mi lengua la apellida) 

Hay un bello paraíso 
Llamado Itafia, y la vida 
Recibí sobre su suelo. 

El Sol que en su Cielo brilla 
Derrama rayos de amores, 

Que al alna mas abatida 
Alíeutan con su calor. 

El aire que se respira 
-Es suave y perfumado. 


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9 


EL CIUZADO* 


Y compararlo podría 
Tan solo con tos alientos. 

Pues bien, traje con la tída 
Todo el amor que se encierra 
Bajo ese celeste clima: 

Ardiente y sensible el alma 
Como su Sol y su brisa 

Cel. y qué I I mi amor no es bastante t 
Alt. Aun no he concluido, Celina. 

Si era sensible mi alma, 

También un deseo había 
Muy violento, el de la gloria. 

Pero esa gloria, Celina, 

Grande, bella, que la fama 
Publica de clima en clima, 
Haciendo que al escucharla 

Doblen todos la rodilla 

Mire brotando de Europa 
Das huestes que al Asia altiva 
Dcbiao pisar la frente. 

Para vengar la justicia 
De mi Dios. En el momento 
Bli alma quedóse cautiva 
Bajo mí fuerte armadura, 

Y en su cárcel presumía 
Blundos de gloria y laurel. . « . . 

De los primeros la orilla 

Pisé del Bósforo, y pronto 
También con planta atrevida 
Pisé el primero esta arena; 

Y el primero que hizo trisas 
Contra el musulmán la lanza. 
También fui yo: pocos dias 
Bastaron, y ya mi nombre. 

Que tan oscuro vivía, 

A iluminarse empezaba. 

Ah ! ya lo sabes, Celina, 

Esa aurora tan hermosa 
La eclipsó la suerte impía. 

Poniéndome entre cadenas 

CtL. Hierros que la pasión mía 


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EL CRUEADO. 


9 


Ha destrozado al momento 

Qaizá al mirarte te envidian 
Los mismos que te vencieron, 

Y I ay ! que sería maldita 
La suerte del que te ajara I 
Te rindió mi comitiva 

En la marcha que seguimos 
A Edesea, y ese día 
Verte y amarte, mi Alfredo, 

Fuá un relámpago en mi vida. 

Mi relijion y costumbres 
Conspiraban á mi dicha. 

Pues ni el hablarte siquiera 
Sin crimen me permitían; . 

Pero mi amor, mis riquezas, 

Y un alma con osadía 
Te trajeron hasta mí; 

Y haciendo á mi comitiva 
Marchar lenta en el desierto. 

Días de amor y ambrosía 
Nos alumbra el claro Sol: 

Quizá se espone Celina, 

Pero I qué importa ? mi hermano 
Me ama, pero si atrevida 
Su mano mi amor tocára. 

Con astucia ó valentía 
Te arrancaré de Edesea; 

Y solo con tu Celina 
Vagarás por el desierto. 

Teniendo el Sol por cortinas 

Y por lecho las arenas. 

i Qué me importan pedrerías, 

Si hallo el brillo de tus ojos ? 

I Qué me importan cachemiras. 

Si me ciñes con tus brazos ? 

Alt. Ab 1 si á tu lado las dichas 
Del amor me han embriagado. 

Si el alma parece henchida 
De amorosas sensaciones. 

Tiene una parte vacía, 
y es la parte de la gloria, 

a 


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!0 


EL CRUZADO 


Cel. Huye osa idea mentida. 

I La gloria ! La bailas, Alfredo, 
En dejar tu espada tinta 
En la sangre de inocentes ? 

En hombres de cuya vida 
No recibiste una ofensa ? 

O es gloria que solicita 
Ese Dios que reverencias, 

Teñirse en sangre, y la vida 
Perder después ? Si, perderla; 
Porque si en el Asia pisan 
Millares do tus lejiones. 

Serán al fín confundidas 
En nubes de hijos de Alá, 

Cual carabauas que espiran 
Envueltas en el desierto 
Con su arena movediza. 

Alk. Calla. 

Cll. La gloria deseas ? 

Yo te daré en solo un dia 
Cuantas riquezas el Asia 

^ En su vasto suelo abriga. 

Tantos esclavos que el eco 
De tus espresiones sigan. 

Como hay cedros y palmeras 

Del Líbano en las orillas 

Soy la hermana do Nourddin, 

Y apenas que yo lo pida. 

Mi hermano traerá á mi tienda 

Cuanto en el Asia se mira 

¿Pretendes felicidad? 

Sobre aromas las mas ricas 
De Arabia, será tu lecho; 
y de esencias esquisitas 
Perfumada tu cabeza, 

Desdeñando cachemiras. 

Caerá en mis brazos, Alfredo. 

Alf. Anjel de amor y delicias I 

CíiL. Mi Dios, el tuyo, el que hizo 
El universo y la vida. 

Cualquier que sea, las alm«c « 



EL CRUZADO. 


11 


i Por qué nos dió tan activas, 
Tan llenas de amor y fuego. 
Sino porque amardebian? 

Sí es un crimen que se amen 
Un nazareno y la hija 
Del Profeta, dirae, entonces 
¿ Por qué no rompe la liga 
Con que se anudan sus almas, 

Y perturba la armonía 

Que hay en ambos corazones ? 
Entonces concentre, oprima 
Cada uno dentro del pecho, 
Cual sobre arena temida 
Está el Alfáltites lago 
Sin que sus aguas malditas 
Se rocen con agua alguna. 

Alp. Ah, Celina tu deliras ! 

Cel. Tan solo amor en la tierra 
Por donde quiera se mira. 

El Icón ruje en el desierto, 

Pero manso en su guarida. 
Tiene su amor — ruiseñores 
Cantan de amor la armonía 
Sobre las palmas jigantes; 

Y al amanecer el día 

Las frescas flores miramos 
Mecidas por blanda brisa, 

Cual mecidas por amor. .... 
Esta es la gloria mas rica, 

La del amor, ella sola. 

Alf. Ah i Ten compasión, Celina; 

Si no quieres que yo mismo 
Me aborrezca y me maldiga, 

No perturbes mi cabeza 

Con tus bellas fantasías 

No mates, no, este deseo 
Con el que mi alma delira; 
Dejamo creer que me espera 
Esa ambicionada dicha 
Que me han í-obado los tuyos; 
^^jame creer que ofendida 


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12 


EL CRUZADO. 


Tengo la causa do Dios, 

Y que mi perdón Tendría 
Con los golpes de mi acero: 

. Consuélate, mi Celina, 

Con saber que te idolatro, 

Y que solo tus caricias 

Han conseguido que mi alma 
En dos partes se divida 

Cel. ¿ La una ? 


Alf. La de la gloria. 

Cel. La otra ? 

Alf. La de Celina. 

Cel. Pues guarda Alfredo, que venza 
La de la gloría á la mia. 

Que si el amor nos enjendra 
Cual ninguno, nuestro clima, 
También enjendra pasiones 
De fuerza tan desmedida, 

Que á veces como un torrente 
Del pecho se precipitan. 


ESCENA 2.^ 


Dichos y Jaimar^ 


Desde que Celina ve á Jaimar ee echa el velo i la cara. 


Jaim. Hermana de Nourddín, rey del desierto. 

Sea con vos la gracia del Profeta; 

Pero el Dios del Profeta vuelve el rostro 
A quien no h) dirije hácia la Meca. 

Las aves han cantado, y el Oriento 
Tiene color de púrpura y de perlas. 

Cel. Así como dá luz en las esferas, 

La derrame, Jaimar, en sus creyentes. 

la momento no mas, aquj me espera. [A Alfredo ] 

(Váse Celina.) 


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Bt CRDSADO. 


13 


ESCEÍfA 3.» 


Alfredo y Jamar. 


J AiM. Quien habita bajo el techo 
En que el musulmán habita, 

Paz del Profeta bendita 
Debe reinar en su pecho. 
Hermano paz en los dos. 

Alt. .Contigo estd ella también. 

Jaim. Siempre me hablas con desden, 

Y por cierto que veloz 
Nunca blandimos la lanza, 

Ni en encontrada carrera 
Gal de mi yegua lijera 
Por fuerza de tu pujanza. 

Aa. Suerte tuviste, por Dios, 

Y suerte tuvo tu yegua, 

Pues habría corta tregua 
Entre estar vivos los dos, 

Y pasar á ios infiernos. 

Donde Mahoma estará. 

Jaim. Maldita tu lengua está 1 1 
Bajo los astros eternos 
No hay quien asi me insultara 
^in caer su cabeza al suelo I 
Mal correspondes al celo 
Con que afabfe te tratara. 

Quien viéndote prisionero 
Mandarte puede entre esclavos. 
Air. Entre cordeles y clavos 
Desearía estar primero 
Que tener siempre á mi lado 
De Satanás la evidencia. 

Infiel, cesa tu insolencia, 

O por el Cristo enclavado 
, Que cesarás de vivir. 


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u 


EL Chuzado. 


Jaim. (Alá coolenga mi rabia). 
Nazareoo^ aunque me agravia 
Cuanto acabas de decir, 

Y aunque al Profeta le pido 
Te rescaten tus hermanos 
Para que puedan las roanos 
Suplir al labio atrevido, 

Daré tregua á mi furor: 

No se dirá que Jaimar, 

En quien no puede matar 
Empleó nunca su valor. 

En paz debemos estar. 

Alf. Condenado del cristiano 

Que aun perro infiel dé la mano; 
De guerra me place hablar. 

Jaim. Pero el perro ha dividido 
Su agua con el nazareno, 
Pudiendo darle veneno 
Que tiene bien merecido. 

Le llamas perro é infiel 
Cuando eres su prisionero, 

Y él desnudará el acero. 

Para defenderte fiel. 

Cuando é alfanje en la mano 
Tiene osado en la pelea. 

Él en cortar se recrea 
La cabeza del cristiana: 

Se revuelve en las lejiones 
Con los ímpetus del rayo, 

Y á los pies de su caballo 
Caen víctimas á montones. 

Pero cesa la contienda, 

Y al prisionero cristiano 
El perro tiende la mano 
Para llevarlo á su tienda. 
^Quieres contarme otro tanto 
De tus frailes y tus reyes ? 

Alf. Cual td, respeto las leyes 
Que he jurado por Dios santo 
Al venirlo á defender. 

De mi será protejido 


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£t CECZADO. 


15 


El hombre que está reudido ^ 

El niño, aociano y mujer. 

Jaim. Me place el oírte asi. 

Pues que todos tus hermanos 
Parecen tigres hircanos. 

No se semejan á ti. 

Pero al Profeta esta vez 
Se ha escuchado en el desierto: 
Mañana vivirá el muerto 
Y el vivo caerá á sos pies.*' 

Alf. Esplícate, por Dios bueno, 

No comprendo esa figura. 

Jaim. Te hablaré con lengua pura; 
Escúchame, nazareno: 

Aun era jóven mí abuelo, 

Y las palmas que has mirado. 

Con un tronco muy delgado 
Se levantaban del suelo; 

Cuando vino un rey. ... se llama. • « 

Muy mal en mi lengua suena 

Alf. Dí Godefroy de Lorena; 

Pero te engañó la fama 
Si te dijo que era rey. 

Fué un capitán que á tu tierra 
Trajo la primera guerra 
Para imponerla la ley. 

Jaim. A los muros de Nicea 
Se dirijió con su jente. 

Amenazando imponente 
De triunfar en la pelea; 

Y triunfó cual lo quería. 

Que el Asia no imajinaba 
Que cuando quieta se estaba 
Su sangre derramaría. 

Como fieras tus hermanos 

A la ciudad se lanzaron, 

Y en un momento asolaron 
Cuanto tocaron sus manos; 

Que del Profeta malditos. 

Sedientos de sangre humana, 
iCon la sangre musulmana 


[Recorjaaílo.] 


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f6 E L G R D 1 A D O . 

Saciaron sus apetitos. 

De Solimán, el turbante 
Su hijo en la frente tenía, 

Y se acordó descendía 

Del mas precioso diamante.' 

Quizo al fuerte contener 
Pero hubo signos fatales, 

Y en dos batallas mortales ' 

Mortal quedó su poder. ' 

Entonces vuestras Icjiones 

Con la victoria altaneras. 

Ya les fue poco ser (ieras 
De sangrientos corazones. 

Fueron montes despeñados 
Que por el Asia rodaron 

Y ó la arena nivelaron 

Los pueblos mas empinados. 

¡ Jerúsalen I era el grito 
De sus lábios, tan impuros;’ 

Y fileron dentro sus muros- 
A. consumar su delito. 

A Istilcbar desde su trono 
Lo arrojaron insolentes, 

Y en sesenta mil creyentes 
Satisfacieron su encono. 

Los bijos de Jesucristo 
Solo ersépulcro quisieron I 

¿ Sabes, hermano, qué bicierOo ? 

A cual mas estuvo listo 
Para tomar dilijente 
Todos nuestros ricos dones. 
Convirtiéndose en ladrones. 

Los mejores de tu jeote. 

Alf. i Inliel ! 

• Jaim. Oye, nazareno. 

No miente mi labio, no: 

Tu jeme se repartió 
Todo cuanto bailara bueno; 

Y en los pueblos de Ismael 
Hubo dueño sin turbante. 

Por Alál ya era bastante 


[Con iro. ía j 


[Con de^pweio 


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EEi CRE2A00* 


17 


Apurar lauto la hiel I 

Y hasta los granos de arena 
Empezaron desde entonce 
A brotar brazos de bronce 
Qne ya rompen su cadena. 

Alf.. Miserable! ¿Has olvidado 
Que si una está acabada. 

Otra segunda Cruzada 
Por el Bósforo ha pasado ? 

Pobre de ti 1 me dá risa 
Tu petulante esperanza: 

Cuando de cristiana lanza 
No hubiese ni leve triza. 

Sabe, infiel, que desde el Cielo 
Caerán rayos sobre tí, 

Jaim. Por Alá ! te presumí 
Sin un tan oscuro velo 1 
¿ Sabes en que estado estamos ? 

¿Sabes algo de Nourddin ? 

Pues es espacio sin fin 
En quien todos habitamos; 

Es un rayo que esta vez 
Anda cruzando el desierto. 

‘‘ Mañana vivirá el muerto, 

Y el vivo caerá á sus pies.’' 

Alf. Taimado eres, vive Dios I 
Jaim. Tu Joselin tan temido. 

Sucumbió, cobarde ba buido. 

Alf. Maldita sea tu voz. 

Jaim. Jerusalen la consuma 
La peste y sed. 

Alf. Lidiará. 

Jaim. Aotioquía sola está 

Con un rey que mas presume 
De ser en fiestas lujoso 
Que esforzado en la batalla. 

Alt. Mientes. 

Jaim. Y también se halla 

Vuestro Jefe tan brioso, 

Con el resto de su jente 
En Antioqula danzando, 

5 


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EL CirUZADt). 


Í8 


Eo vez de eslar balallaodo 
Si presume de valiente. 

Alp, Aun se encuentra en Antioquia I 
Francés cobarde, tu espada 
Siempre la tendrás manchada 
Con traición ó cobardía I 
Pero, roe engaña tu labio, 

Luis en la ciudad no está l 
Jaim. Maldito será do Alá, 

Díjole á mí padre nn sábio, 

Quien el cerco de roaríil 
Lo empañe con la mentira. 

Alf. Mas, qué hay ? 

Jaim. Quieto respira. 

Cristiano, ven bácia aquí 

Ya lo comprendo; á mi jente 
Un hamako ha visitado 
Alf. y qué hacen de él ? 

Jaim. ; Desgraciado 

Del musulmán que insolente 
Con sus manos le ofendiera ! 
Favorecido de Alá, 

La luz en su mente está; 

Y en los astros de la Esfere 
Sabe leer el porvenir 
Es un cristiano ¿ lo ves ? 

Alf. Un cristiano ? 

Jaim. Quieres verlo ? 

Alf. Allá nó, y. 

Jaim. Haré traerlo. 

Algo nos dirá tal vez. 

Agua y tienda al inspirado: 

El bamako á mi presencia 
Alf, (Que rae admira su clemencia 
Serla un hombre abonado 
Sin su terca ceguedad.) 

Jaim. Mira al bamako, cristiano. 

Su espíritu sobre-humano 
Refleja la eternidad. 


[Se oye dentro una gran- 
de algazara.] 


[Se iBoraan por una de lat 
cortinae de ia tienda.] 


[Toca un pito y aparecen 
vanos muauimanes eon su- 
mo acatamiento.] 

[A ios turcos.] 

[Vánse.] 


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EL CRUZADO. 


1» 


ESCENA 4.* 


Alberto y dichos. 


Alberto sale vestido con una túnica blanca y un jubón de pieles basta la rodilla.^-En la ma- 
no derecha trae un chicote de ramales, y en I» izquierda un libro. ...... 


Alf. Dios de mi alma I 

Alb. Salud 

Y paz de Dios en el suelo. 

Alf. El és. 

Jaiu. y luz en la mente 
De quien proteje roí dueño. 

Alb. (Perro, infiel maldito seas) 

Hay fuego en el firmamento. 
Fuego en lo hondo de la tierra: 
Los leónes del desierto 
Ya perdieron su guarida. 

Ya se revientan los truenos 
Mortales, temblad, huid. 

Jaiu. Inspirado está ! 

Alb. Yo quiero 

Que se obedezca mi voz: 

El hijo de los desiertos 
Salga al punto — el Cielo tiene 
Pintas rojas, torvo ceño. 

Jaiu. Sumisión al impirado. 


[Hace esta etclsmrcion al 
reconocer á Alberto.] 


[Con tono de inspiración 
y sacudiendo el chicote.] 


[Hace una profunda seve- 
renciayse vá.] 


ESCENA 5.» 


Alfredo y Alberto. 


Alf. Contigo vaya el infierno, ' 
Descendiente de Luzbel 
Alf. Marques de Verona I 
Alb. Alfredo t 


[Arroja el chicote y el li- 
bro.] 

[Se abrazan.] 


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20 


EL CRUZADO 


Alf. Á qué has Tenido por Dios 1 
Alb. Buena pregunta, por cierto i 
A perecer á tu lado, 

O á librarte en el momento 
Alf. Retírale, Alberto, huye, 

Alb. Airoso fuera el regreso ! 

Oye: sope en Antioquía 
Que con gran acatamiento 
Entre estos perros estabas, 
Merced al raro deseo 
Do la hermana de Nourddin, 
Quien con su poder inmenso 
Te daba su protección 

Y favor á un mismo tiempo. 
Supe también caminabas, 

Entre soberbio cortejo. 

Con dirección á Edesea, 
Atravesando el desierto. 

Bien; conoces los templarios: 
Sabes que no tienen Cielo, 

Ni fe, ni patria, ni Dios, 

Si en la patria, Dios y Cielo 
No encuentran oro y placer. 
Pues yo con el valimiento 
Del rescate de Celina, 

Y pintándoles lo bello 
De un rostro de Serafín, 
Conseguí que en el momento 
Se armáran cien, nada mas; 
Pero cien de tanto empeño. 
Que muy cerca se quedaron. 

Mí seña esperando luego, 

Entre un bosque de palmeros 
Que de aquí, no se baila lejos. 

Alf. No la darás, no. 

Alb. ¿ Qué dices ? 

Alf. Huye propon otro medio, 

Cualquiera; mas no ímajínes 
Salvarme del cautiverio 

Por medio de una bajeza 

Celina í 


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EL CRUZADO. 


21 


Alb. No le comprendo 

Alp. Sí sus mercenarias manos 
La tocáran, con mi acero 
Antes juro se hallarían. 

Alb. Has perdido el juicio, Alfredo ? 
Maldito si una palabra 
De cuanto dices comprendo ! 

Alp. Escucha: tú eres tan solo 
£1 único á quien mi pecho 
Supo darle su amistad: 

La misma patria tenemos, 

El mismo honor en el alma, 

Y ambos somos caballeros 

Y soldados de la cruz. 

Pues bien, te suplico, Alberto, 
Que al instante le retires 
Si has de quebrantar mis hierros, 
Poniéndolos en Celina. 

Alb. y de donde tal empeño, 

Alfredo, por una ¿ acaso ?. • 

Alf. Acaso la amo, si, Alberto. 

Alb. Ya, por Dios, lo imajinaba 1 
Mas no me creas tan necio 
Que porque la amas le culpo: 

Te culpo, mal caballero, 

Que por amores olvides, 

Tus sagrados juramentos. 

Vive Dios, que mal le viene 
Traér una cruz en so acero 
A quien no sabe templarlo 
Con los soles del desierto ! 

Vive Dios, que mal le plugo 
Pedir la cruz á Eujenío, 

Quien á profanar de Cristo 
Viene los sagrados restos I 

Al?, Alberto 

Alb. No de las tumbas, 

Bohemundo ni Tancredo 
Vuestras ánimas alcéis; 

Quedad en eterno sueño. 

Pues que hay algún Italiano, 


[Con dignidad.] 


0 


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22 


EL CRUZADO 


Que olvida que es caballero 
Por acordarse que es hombre. 

Alf. Calla el lábio que mí pocho 
Con tus Voces lo taladras. 

Ai r. Mientras regalas tus sueños 
Con mujeriles halagos. 

Están aguzando el hierro 
Tus hermanos, y mañana. 

Batallando en los desiertos 
Por el redentor del hombre. 

Con la sangre de sus pechos 
Matizarán sus laureles, 

Para su nombre, cojicudo 
Aplausos, y para su alma 
La s.dv¿icioíí en el Cielo. 

Ai.k. Alberto. 

Alb. Mas esta gloria í Ccb ironía ] 

Es muy poca para Alfredo 

Pues los brazos de una iuriel 
Ah ! es un brillanio trofeo ! 

Alf. Basta. 

Allí. Si, todos mañana 

De hinojos nos postraremos 
Ante el sepulcro de Cristo, 

Mostrándole nuestro acero 
Teñido de sangre infiel. 

En tanto que el noble Alfredo 
So afinojará delante 
De su maga del desierto. 

A 1.1. La seña, pronto, que vengan. 

Alb. ¿Para que? quizá tu acero 
Contra mi pecho so vuelva. 

; Como es un hecho tan bello 
Defender los musulmanes I 

Alf. La seña. [Se siente mucha al^izna.] 

Alb. La oyes Alfredo. 

Alf. ¡ Como 1 ¿qué ? 

Alb. Ya de esperarme 

Se habrán cansado los nuestros 
Y están ahí. Mas si quieres 

Alf. No, que veugan. En acero. 


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SX CHUZADO. 


n 


Alh. Tama. . • . 

Alf. ¡Gelioal 

Alb. No temas: 

Ambos de ella CHÍdaremos. 


[So deopojft de la t^ínica y 
el jubón, qaedindo con su 
armadura de caballero cru- 
zado, y le dá una espada que 
habrá (raido oculta. 


ESCENA 6.a 


Celina y dichos. 


€el. Alfredo;' pronto seguidme; 

Son los tuyos, pero el viento 
No atravesará mas raudo 
Que nosotros el desierto; 

Ven. 

Alf. \ Colina ! 

Alb. No: la gloria 

Tiene mas álns que el viento: 

Ella es llora quien te llama 
Cel. ¿ Quiím eres tú, nazareno ? 

¿ Quieres seguirnos ? venid. 
También tendrás al momento 
Esclavos que te defiendan, 

Y un alazan mas lijero 
Que el relámpago y el rayo. 

¿ Qué hacéis ? están combatiendo: 
Los instantes son preciosos; 

Ya se acercan. 

Axb. Deteneos. 


[Con mucho valor.] 
[Hasta «i fin del acto, el 
diálogo y la acción se lleva- 
rán con la rapidéz posible.] 


[Se oye mas cerco el os- 
triílor de las espadas.] 


[Quiere tomar de la mano 
á Alfredo.] 

[La separa de Alfredo.] 


ESCENA 7.» 


Dichos t Jaimar, algunos musulmanes. 


Jaim. Alá no escacha á sus hijos: 

Huyamos; con vuestros pechos f A los musulmanes.] 

Guardadla— mas tu conmigo. . . . [Dirijiéndose á Alfredo.] 


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24 


EL CRVZ&DO. 


A LB. Conmigo tú. 

Jaim. Nazareno I 

Traición infame. ... tu vida. [3e b#ten.] 

Alb. La tuya será primero. [bebiere.] 

Jaim. Ab I 


ESCENA 8.» 


Dichos, Ehrardo de Barres y algunos templarios. 


Enr.. Sobre ellos vosotros, [A Ice soldado?. ] 

Allí eslá. [So ícorci á Celina y, la 

Cel. Favor. Alfredo. loma dd brazo.] 

Alf. Gran Maestre de los templarios, 

Respetad. . . . 

Alí>. Galla. 

Euu. Silencio; 

Respetad vos, italiano, 

La Cruz que lencis al pecho. 


Fln del acto pniMEnOr 


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ACTO SEGl'NDO; 


Salón réjío en el Palacio de Antioquía.— En el fondo dos tronos, de 
en medio de los cuales caen dos banderas, la una blanca con 
una truz negra, la otra tendrá dibujada una mujer hincada, 
suelto el cabello, dolorido el rostro, teniendo sobre su cabeza 
esta inscripción — 

•• Affiicl® »ponB«0 no 

al pié de los tronos dos hileras de sillones: una puerta secreta 
que ocultan los tapices, al fondo; á la derecha del actor la de 
entrada, á la izquierda la que vá á lo interior del Palacio. 


ESCENA 1.» 


tui* f Eleonora en el trono de la derecha, Raymnndo en el de la iaqoietda.-Jilberto; Ebrar, 

do; el Gran Maestre de lo. Hoapitalarioa; el fr.He Bernardo y demSa caballero, ocn- 
nandolOBBillone.: loa guardiaa deafilarán de.de el último eillon basta la puerta de 
entrada.— Luis y Baytnundo coronsdos y con mantos reales; lo» demás, eicepto Ber-. 
nardo, aroadoe de caballeros cruaados> 


Luis. PriDcipea y Señores, fuera mengua. 
Que auD á meaos que rey, á caballero 
Desluciera el honor de sus blasones. 

Si no sintiera arder dentro del pecho 
Xa pnrisima llama que os anima. 

Sobre el trono de Francia mis abuelos 
Dos siglos se sentaron, y ni un día 


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IL 


54 


Sobre el trono de Francia so echó menos 
La fé de caballero y de cristiano. 

Vine, como vosotros, al desierto 
Para purgar las culpas de mi alma, 

Y ganar con los golpes de mi acoro. 

Del soldado la prez y nombradla. 

Quiero, como vosotros, al momento, 

Ver de Jerusalcn los altos muros, 

Y ayudar á su rey con mis esfuerzos 
A la defensa dci sepulcro santo. 

Pero ya os lo repito; mis deseos 
Tienen hoy un poder que los estorba: 
Dentro de pocos dias, satisfechos. 
Indicaré la marcha, y victoriosos 
Desde el Calvario la Ciudad veremos. 

1U\. Dios, que tiene en sus manos lo creado, 

Y ve en lo mas oculto de los pechos, 
Niegue la salvación ai alma mia, 

Si engañaros quisieron mis acentos. 

Ya dimos reverencia á las razones 
De nuestro huésped real; él sin recelo 
Saliera en el instante de Aniioquía, 

Si asuntos que no es dado penetremos. 

No hicieran detenerlo en su carrera. 
Entonces, Nos el rey que justicieros 
Mandamos nuestra ley en jlntioquf a, 

Sin desmentir ios santos juramentos, 
Prestamos nuestro voto á que demore 
Luis séptimo de Francia su alto empeño. 
Ebr. Uq mes y nada mas. 

Otro Un mes tan solo. 

Luis. Aun antes creo yo que marcharemos. 

¿ No lo cree así también mi real esposa T 
Eleo. Si cual vosotros el pesado acero 

No soportan mis manos, cual vosotros 
Soporto las fatigas del desierto, 
y desde el manso Sena hasla^el Oronto, 
Sabéis que los cristianos caballeros. 

Cual cristiana también los acompaño; 
Pero cuando palpitan en mi pecho 
ePor m\ esposo deseos de su triunfo. 


[Con cierta inleacioB.) 


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IL Cn^OXADO. 




También para que sea sin recelos 
Creo que su demora en Aotioquía 
GoD?eníente le és; y si en el pecho 
De Adalides tan nobles y cumplidos 
De una mujer se escuchan los acentos, 

Como mujer, no como reyna, pido 
Se levante el consejo, y que de acuerdo 
Demoremos un mes nuestra partida. 

Ber. Deteneos, Señores, un momento. 

Del mas humilde siervo de la iglesia 
Escuchad la palabra. . . . Qué I ¿ dcl Cielo 
Ya no baja la luz á vuestros ojos? 

' Demoras 1 ¿'para qué ? ¿ EJ Padre Eterno 
Os demora la luz^ el agua, el aire, 

Y su divino amparo en los desiertos ? 

¿ No es por su hijo, redentor do! h ínbre, 

Que vais á combatir? Acaso el miedo 
Detiene vuestros pasos ? Ved cristianos, 

La lanza que de Cristo el santo cuerpo 

Por vosotros hirió Ved, de su sangre 

Hay manchasen los filos de esto hierro. 

Mis manos se estremecen al tocarlo, 

Y tiemblan, y tembláis, y el orbe entero 

Creo que se oscurece ante mis ojos 

Acaso ya retumba por el Cielo 

La trompeta final chocan los astros, 

La tierra se revienta, y de sus senos 
Las ánimas con vida se levantan, 

Y de hinojos los vivos y los muertos 

Caén anta el Señor creo que escucho 

La'lerribie pregunta del Eterno: 

** Cristianos ! ¿ qué habéis hecho ? " y vuestro labio 
Perdón, Dios mío, repetir con miedo. 

( Jerusalen 1 Jerusalen 1 
Ber. i Cristianos i 

Jeairo I ^^'‘osdlen 1 Jerusalen 1 marchemos. 

Luis. Reverendo Bernardo, vuestras voces 
Llegan como de Dios basta mi pecho. 

Ya sabré obedecerlas. 

Bw- Rey de Franciai 


[Todoi hacen iccion út 
levante rae. 1 


tCneeilando el hierro dt 
una Unza.] 


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EL C R O 1 4 D'-O • 


n 


Recuerda que pisaste los desiertos 
Pa ra purgar tus crímenes de sangre; 

» Recuerda que los filos de tu acero 
Enrojecieron de Yitry los campos; 

Y que tu mano fratricida, el fuego 
Puso en los pueblos de tu patria misma; 
y solo tu perdón concede Eujenio, 

Si lidias por Jesús, de lo contrario. 

Del Vaticano acaso algún acento 
Puede pulverizarte, rey de Francia. 


ESCENA 2.» 


Dichos y m Caballero. 


Car. Principes y Señores del Consejo, 

Un infiel á las puertas de Antioquía, 

Con la señal de paz de un mensajero, 

Acaba de llegar, él os saluda 
Y os manda el pergamino que os presento. 

[Se lo entrega 4 Luis doblando la rodilla.] 
[Luis después de leer el pergamino se lo pata á Hayoiundo.] 

Li is. Guerreros de la Cruz I el Cielo santo 
Derrama sus bondades en el suelo: 

El Jénio mas tenáz del Islamismo, 

El vencedor temible en Edesea, 

El tigre asolador, Nourddin el fiero 
Se humilla ante nosotros; solicita 
Una hermana que dice que los nuestros 
Han puesto entre cadenas: él en cambio 
Nos ofrece cincuenta caballeros, 

O el oro que al antojo le pidamos. 

De esa mujer nosotros no sabemos. 

¿ Alguno de vosotros ha podido 
Tal ventaja obtener en el desierto? 

Rat. Cincuenta caballeros nos ofrece, 

¿ Ignoráis la valía de este precio 7 


[llomeino da siltBcio. J 


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IL CKUZáDO. 


2V 

Luis. Salid vos, caballero, á Duoslro campo, caballero. | 

Y en el nombre de Dios á los guerreros, 

Y en el nombro de Nos, decid que pronto 

La hermana de Nourddin venga á osle puesto. 

IUy. o si de los cruzados de Anlioqula 

Alguno nos dá indicios de su dueño. [Se retira el caballero.] 


ESCENA 3.a 


Dichos y Alfredo completamente armado y la visera calada^ 


Alf. Uno hay aquí que lo sabe. 

Knu. Mejor fuera recordára 
El caballero (si acaso 
Es caballero el que habla) 

Que no se trae al Consejo 
Tan corrida la celada. 

Alf. Ebrardo de Barres, (*) noble 
Gran Maestre, muy estimada 
Por mí será la advertencia; 

Es efecto de la usanza 
El que se me haya olvidado 
Levantarme la celada, 

Cosa que no me acontece 
Cuando estoy en las batallas, 
Y cosa precisamente 
Q« e vos debéis ignorarla, 
r orque nunca estáis en ellas. 

Ebr. Por mi cruz y por mi espada 
Que esa lengua tan atidáce, 
Con mis manos la arrancára. 
Si lejos de este recinto 
Salieran vuestras palabras. 

Alf. Buscadme lejos de él* 

Luis. Silencio, mas moderada 
Suelta tu lengua, cruzado. 
Que te oyen qd esta saiR 


(*) Para mayor facilidad del ac- 
tor, damos á la pronunciacioo de 
algunos nombrea fraoeoges el valor 
que tieneo eua eíiabas en castellano. 




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B t CKVXAfiO'. 


}• 


El rey de Francia, y RaymuDdio. 
Alza luego la celada, 

Y, diciéndonos tu nombre. 
Descubre donde se halla 
La mujer que procuramos. 

Ebk. Á quien á ros no os acata. 

Mal puede creerse. Señor. 

Alf. Obedezco, rey de Francia. 

Luis. ¿Tu nombre? 

Alf. Varios tenía 

Allá en Italia, mi patria; 

Desde que be pasado el Bósforo 
Tan solo Alfredo me llaman. 
Luis. Caballero ? 

Alf. Por mi sangre 

Y los golpes de mi espada. 
Recibe el espaldarazo 

A los reinte años. 

Luis. Bien, basta. 

Dimos ahora el paraje 
De esa mujer. 

,Ai!F. Las palabras 

Del noble Ebrardo de Barres. 
Serán mas ciertas. ¿Gustara 
De pronunciarlas soaso 7 
Ebr. No os comprendo, y es ya tanta 
La altivéz de este italiano. 

Que mal viene al rey de Francia, 

Y á los demás que escuchamos. 
Sufrirlo con tal audacia. 

La reina pide concluya 
£1 Consejo, y su demanda. 

Sin duda que se merece 
Ser, por Dios, mas acatada. 

£leo. Si, lo pido El caballero 

Puede pasar á la estancia 
De mi real esposo. En ella 
'Habrá momentos de calma 
Para indagar de la infiel. 

Ebr. Ya lo oís. 

Alt. De vuestra gracia> 


[A Luó.] 

[Se alza la aviada. j 


[A Laia.i: 


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BX CBVZÍ.DO. 


ti 


Pido, Señor, no momento 
Qae me escuche. 

Kuo. Ya que es tanta 

De mi esposo ia paciencia. 

Rey Raymundo, en esta sala 
Es vuestra voz la primera; 

4 Queréis con valor alzarla 

Y decir á esecruzado 

Qne la audiencia está acabada T 

Ray. Señora 

Luis. Cual vos, concibo 

Que es necesario en mi estancia 

Aclarar esta verdad 

Alf. Nó, Gran Señor, la Cruzada 
No tiene un solo soldado, 

<}ue no pueda en esta sala 
Pedir justicia á vosotros; 

Y yo que soy 

Ebb. De la Italia 

Quizá algún aventurero 
I No es verdad ? Está ordenada 
Vuestra salida, marchad. 

Alf. ] Aventurero I (Mí espada 
Tiembla de rabia en el cinto I ) 
Miradme bien, rey de Francia, 
Mirad si estos mismos ojos 
No viste que centellaban 
En vez de miradas rayos. 

De Pisidia en las montañas. 

Allí donde cual torrente. 

Corrió la sangre cristiana. 
Porque de armas no entendieron 
4<os guerreros de tu Francia. 

AHI, donde abandonado, 

Solo tu brazo lidiaba, 

Y en tanto que en el peligro 
Rey y relijion dejaban, 
'Descendían á los valles 

liOs guerreros de tu Francia. 

AHI, donde el que han llamad»^ 
Aveotunro de Ualisy 


[A meoBort.1 


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3 ? 


EL CRUZADO. 


Fué solo quien con su cuerpo 
De los golpes te cscuüára, 

Y ou sangre tintos sus miembros, 

Y trozos hecha su espada, 

Cou su puñal solamente 

Te hizo un muro en la moulafia, 
Micnlras no había á tu lado 
M un guerrero de tu Francia. 

Así, Señor, se ha lía 
Quien es acoso de llalia 
Algún vil aventurero: 

Al tojo de cimitarras 
Vertiendo rios de sangre. 

Por librar un rey de Francia. 

Luis. Te reconozco, italiano, 

Y nunca do mí olvidadas* 

Han sido tales proezas. 

Alf. No, gran Señor; olvidadlas. 

Do llalia los caballeros 
No cobran por sus hazañas, 
(blando el Aguila eslendia 
Del Capitolio sus alas, 

Nunca rogó á los franceses. 

Ni al Universo rogara. 

Que le pagasen la sombra 
Que con sus álas les daba. 

Luis. Concluye ahora tú sabes 

Lo que buscamos, uiañaua 
Me informarás en secreto 
Su desliuo. 

Relardára 

Hasta mañana en decirlo 
Si pendiera en mis palabras; 

Poro ya quizá se acerca 
La mujer ú quien se aguarda. 

Ebr. ¿ Como? 

Luis. ¿Aquí? 

ALf. Hace un iuslanle 

Que un héroe de la Cruzada, 

Que el bailar la prisionera 
T^into como yo deseaba. 


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EL CRVZAD». 


¿3 


lie hizo ivisar que yiniera 
Al Consejo sin tardanza, 

A prerenir que traería 
Lo que tanto se bascaba, 
Y que tan solo á los reyes 
Los pertenece guardarla* 


ESCENA 4.*^ 


Bichos y un caballero. 


Cab. El leal marques de Verona 
Pide permiso, y aguarda 
En las puertas del Consejo, 

Raí. Le estáo abiertas. fVáae el caballero.] 

Alf. Llegada 

Es ya la hora, Gran Maestre. 

Nobles Señores, miradla. 


ESCENA 5.» 


Dichos, Alberto y Celina . 


Celina do repara en Alfredo basta qne el diálogo lo indigue. 


Alb. ai Consejo acatamiento. 

Respetos á la Corona: 

I Puede un marques de Verona 
Hablar un solo momento ? 

Luis. Es honra para el Consejo 
El escuchar un yalíente. 

Hablad. 

Alb. Con tal aliciente 

Hablaré con mas despejo. 

Tres meses há que un guerrero, 

S 


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3 ^ 


EL CRUZADO. 


A quien le llamo mi amigo. 
Combatiendo al enemigo. 
Cayó herido y prisionero; 

Y en pecho que de cristiano 

Y de valiente blasona. 

Mas el coraje se entona 
Cuando le falta un hermano. 
Busqué el mío dia ó día 
Por los vastos arenales 
Que no daban ni señales 

De la huella que seguía; 

Pero quiso Dios bondoso 
Premiar mi constante anhelo, 

Y al lio consiguió mi celo . 
Saber de él, venturoso. 

Con solo cien caballeros 
Que su ausilío me prestaron. 
En el desierto brillaron 

Los bendecidos aceros, 

Y como es sabido yá 
Que no brillan sin vencer. 
Vencimos, y pude ver 

Al que buscaba Aquí está 

(itL. Alfredo!! 

Alf. Calla. 

Alp. Lo hallara 

De una mujer prisionero. 

Que compasiva al esmero 
Como hermano lo tratara. 

Era mujer de valía, 

Y que la Sauta Cruzada, 

En porción muy csliiiiada 
Presumí que la tendría. 

Pero en medio del combate 
La arrebató un caballero. 

Cuyo nombre no prefiero 
Que de aclararse se trate. 

Ocho soles ban brillado 

Y nada supimos de ella; 

Pero hoy hallamos su huelle 

Y yo mismo la he lomado: 


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ZL CRÜláDO. 


Si esto pesa si caballera, 

Yo recojerésu guaote, 

Y su tan caro diamaoie 
Le pagaré con mi acero. 

Pero entretanto, al amparo 
Pongo de vuestra real mano, 

Esta mujer, cuyo hermano 
Es el contrario mas caro 

sDe nuestra fé. es, Señores. . . . 

Luis. Lo sé, marques de Verona, 

Y nuestro celo os abona 
De nuestros altos favores. 

Dinos tu nombre. fA Celin».| 

Ceí.. Celina. 

Luis. Y bien Celina, tu hermano 
¿ Cuanto dará á un soberano 
Por tu libertad ? 

Ckl. No atina 

A idearlo vuestra cabeza? 
üu tajo en su real garganta. 

Luis. Tal oferta no me espanta: 

Es natural tu fiereza: 

Celina, aquesto palacio 
Será tu cárcel; mañana 
Mi voluntad soberana 
Dispondrá con mas espacio. 

Caballeros, despejad ^ 

Señores, ya terminemos; van ] 

Mañana contestaremos 
Al Califa de Bagdad. 

[Desde que loa reyes bajan delirono se toca dentro de bastidores una marcha 
znilitar á grande orquesta. 83 continuará basta que hayan salido los monarcas^] 



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SG 


EL CROl-ADa- 


ESCENA 6.^ 


Eleonara, el Gran Maestre Celina. 


Krr. Tengo que bablíiros. Señora. Eleonora,! 

Eleo. y yo también noble Ebrardo. 

Ecn. Pero anles (De celos ardo.) 

Ello. Comprendo ¿ Quieres ahora [A Celina ] 

Contemplar en su recinto 
Los jardines del palacio ? 

Es roagniíico su espacio. 

ilre. De flores un laberinto [Con aonrifa.] 

^ No es verdad ? Señora bella, 

Os doy rendida las gracias 

No hay algún bosque de acasias 
Dividido co ancha huella ? 

Eí.ko. Si, 

CCL. ¿ Alguna C*icnle serena 
Que en redor abundan flores, 

Cuyos ra¿ijicos olores 
De tanto placer dan pena ? 

Elko. Sí. 

Cel, Al esiremo del jardín 
No hay una gruta escondida 
De hojas de palma tejida 
Del uno al otro confin; 

Y por el verde ramaje 
So vé la luz misteriosa, 

Como la faz de una hermosa 
Cuando la cubre un encaje? 

Eleo. ; Bien lo sabes ! 

Cel. Fuera igual 

Que al león de nuestras rejiones 
Vinieran estraños leones 
A enseñarle el arenal. 

Fleo. Ya qne tan de casa eres^ 

En el salón del Oriente 
Vé á esperarme: con mi jento 


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EL CBÜZADO. 


37 


Conversarás s¡ lo quieres. 
Ceu Gracias, Señora, os repito. 
¡Quiera Alá que yo algún día 

Os pague la cortesía I 

Queda, no te necesito. 


ESCENA 7.* 

Eleonora y el Gran Maestre. 

En este diálogo se evitará la precipitación de las palabras, tratando de marcar el doble sen* 

lido que tienen á menudo. 

Eíeo. Qué os parece, buen Ebrardo ? 

Altiva la niña es ! 

Ebb. Mas que altiva. 

Eleo. y algo bella 

Ebu. Si. 

Eleo. Descontenta, 

Ebb. Se vé. 

Eleo. Sabes, Gran Maestre, una cosa ? 

Debes darme el parabién: 

Tengo el don de doble vista, 

Como dice el escoces. 

Ebb. Real Señora, jo celebro, 

Eleo. No sé qué pude entrever 
Que, ya vistes, di mi voto 
Porque ese italiano soéz 
No coniára en el Consejo 
De los Caballeros quien 
A Celina la guardaba. 

¿ No te parece acerté 7 
.Ebb. Reina Eleonora, yo creo 
Que ver el porvenir sé 
Como las magas de España. 

En el Consejo también 
Persisti en que no partiera 




{Al ir«e quiere acercársele Ebrar- 
do. pero se para á la voz de Celina. 
[Váee.l 


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EE. CRUZADO. 


ss 


Luis para Jerusalen; 

Al menos que retardára 
¿ No os parece que acerté ? 
Eleo. Gran Maestre, ladino estás. 
£br. Hablemos mejor, pues que 
Ambos bien nos conocemos. 
Señora, vos no queréis 
Que Luis marche todavía ? 
Eleo. Sin duda. 

Kbr. Pues yo sabré 

Como detener su marcha. 

Eleo. Así lo espero. 

Er,p.. Voreis 

Que no se junta el Consejo 
En diez semanas tal vez. 

Eleo. Perfectamente. 

Eíír. Raimundo 

Es para vos lo que ayer ? 

Eleo. Y quizá mas. 

Ebr. Se han concluido 

Los sustos por Isabel ? 


ESCENA 


Dichos y Celina. 


Celina sale por la puerta secreta— Al ver á los personojes se queda oculta 

cortinas. 


dentro de ia» 


Eleo. No, Gran Maestre: cada di a 
Tengo un nuevo padecer; 

Una espina mas, que al alma 
La despedaza cruel. 

La ama, yo bien lo conozco; 
Y quizá también es él 
Correspondido por ella; 

¿ No lo crees ? 

Err. Bien puede ser. 


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EX CRUZADO. 


39 


Eleo. La casualidad le hizo 
Mi secreto conocer, 

Y de entonces de tu lábio 
Los consejos escuché. 

Si antes lo amé por caprichos 
Pasajeros de mujer, 

Hoy lo amo ya por orgullo. 

Porque hay otra que á la vez, 

A donde pisa Eleonora 
Pretende poner su pié. 

Yo no quiero de Anlioquía 
Que salga mi esposo el rey, 

Y quiero ver á Raimundo 
Llorar de amor á mis pies. 

Yo no quiero que sus ojos 
Se hallen con los de Isabel, 

Y quiero que esta insensata 
Lo humille con su desden. 

En tal circunstancia, Ebrardo, [Se quila una cadena de oro y ia 

I Dimc, pues, qué debo hacer ? cuello de Ebrardo.] 

Ena. ¿Para que Luis de Antioquía 
No salga ? 

Eleo. Yo le diré: 

No quiero salir, y entonces 
Como se quedó otra vez, 

Se quedará mal su grado. 

¿ Para lo otro ? 

Ebr. No sé 

Sino un solo medio. 

Eleo. Pronto. 

Ebr. Es muy noble osa Isabel ? 

Eleo. Es de la mas pura sangre 
De todo el reino francés: 

Sobrina del noble Conde 
De Nevers. 

Ebr. Ah, si de aquel 

Que los barones y obispos 
Elijieron para ser 
Ministro y Señor del reino 
Mientra la ausencia del rej^ 

Eleo. El mismo. 


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40 


EL CRULáDO. 


Ebr. y que ba preferido 

Ser monje, primero que 

Mandar la Francia 

Eleo. Sin duda. 

Ebr. Pues bien, Señora, á Isabel 
Es necesario casarla. 

Eleo. Casarla 1 
Kbr. Cierto. 

Eleo. ¿Con quien? 

Ebr. Con algún buen caballero. 

Eleo. Ebrardo! 

Ebr. ¿Me comprendeis ? 

Tenéis don de doble vista 
Como dice el escoces. 

Eleo. Pero ese. 

Ebr. Ese italiano 

Es para Ebrardo á la vez, 

Lo que para vos, Señora, 

La Condesitá Isabel. 

No consintáis, si os parece. 

Yo por mi parte también 
Haré lo que me convenga; 

Y gracia ha de ser, por Dios, 

Que canten los trovadores. 

Que la Reina, la mujer 

Que es joya de la Cruzada 

Y de la Europa también. 

La primera en hermosura. 

Le fué á su marido infiel; 

Y el galan favorecido, 

Después de estar á sus pies. 

Se aburrió, y le dió los braio» 

Su camarera Isabel 

Eleo. Pero ese italiano apenas 
Tiene un nombre. 

Ebr. Dadle diei. 

Mañana estará Edesea 
Rendida á nuestro poder: 

Toleraais, y Cesaren, 

Y Ascalon caerán también, 

.Como otras muchas ciudades. 


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Et CRUZADO. 


*1 


Al amparo de la fé. 

Y el que corta cien cabezas 
De los perros de Ismael, 

No desmerece. Señora, 

Uoa corona en la sien. 

Elio. ¿ Consentirá ? 

Ebr. Es italiano 

Eieo. Pero ¿ y lo querrá Isabel ? 

Ebr. Hacedlo grande, y respondo. 

Eueo. i Creeis que lo quiera ? 

Ebr. Es mujer. 

Eleo. Entonces, dentro de un hora 
Haz que venga. 

Ebr. Así vá bien. 

Entonces, mi bella reina. 

No será mal que á las diez 
De esta noche, vuestro esposo 
Los muros paseando esté, 

Y el rey Raimundo acompañe 
Vuestra soledad. 

Eleo. Sí: do él 

Necesito esplicaciones. 

Ebr. Pues bien, Raimundo á las diez. 

Eleo. Dentro un hora el italiano. 

Ebr. Quedad con Dios. 

Eleo. Vé con él. 

[VíDíC: Ebrardo por la puerta de salida, 
Eleonora por la de lu piezas interiores.} 

Cel. Dentro un hora el italiano. 

El rey Raimundo á las diez: 

I No son estas las dos citas ? 

Reina cristiana, está bien. 


Fin del acto segundo. 


11 


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ACTO TERCERO 


Aparato teatral del acto anterior- 


ESCENA 1.^ 


Dos Pajes. 


P. 1.® Mal «Dtieodes, pajecillo. 

Los asuotos de palacio. 

P. 2.® Sus mentiras. 

1.^ Mas despacio. 

Dale átu lengua un poquíllo. 
De circunspección, de calma. 
No sea que por tu prisa 
Tengamos que oir una misa 
Por el descanso do tu alma. 

2/ No me hermano con el miedo 
y digo lo que es de ley: 

Si pesa á su gracia el rey 
Que le apunten con el dedo, 
Sea rey como se debe; 

Que rey sin poder de rey. 

No tiene de rey la ley 
Porque a ser rey no se alreve. 
Y pues el rey no demuestra. 

Ni la voluntad de un hombre. 
Es claro que es rey en nombre 
Que se presenta de muestra. 


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tt CRUZADO. 




1. * Pajecillo I 

2. * En Antioquía 

¿ Qué es lo que hacemos ahora ? 
Entretener á Eleonora 
Con fiestas de cada día. 

Dos torneos por semana, 

Y 6U6 dulces trovadores 
Decirla cuentos de amores 
De la noche i la mañana; 

En tanto que ios guerreros 
Con la molicie embriagados. 

Se olvidan que son cruzados; 
y sus bruñidos aceros 

Los comienzan á arrojar: 

Es esto lo que juramos 
Cuando el pecho nos cruzamos 
Para venir á lidiar? 

Si á la reina la molesta 
Del desierto la distancia. 
Vuélvase | por Dios! á Francia 

Y viva en continua fiesta, 

Hasta que diga no mas ! 

1. * Tú no entiendes un comino 

De esta Cruzada. 

2. * Imajino 

Que tú tampoco estarás 
Mejor impuesto* 

i/ Te engañas: 

Cuanto aquí nos ha pasado 
Maldito si me ha asustado; 

Y lo que tú tanto estrañas 
Yo lo miro por precisa 

Y natural consecuencia. 

2.** Que me admira tu paciencia ! 

1,^ No tal, si es cosa de risa I 
El rey vino á tierra santa 
Por la causa que yo vine. 

Que en tierra santa camine, 

O en ella clave su planta, 
Siempre que haya estado en etU 
Ha cumplido su misión. 


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EL CRUZADO. 


^h 


2.^ ¿ Como ? 

A Luis dá el perdón 
Por su maldita querella» 

El Papa Eujenio tercero 

Y los Obispos, con tal 
Que venga á purgar su mal. 

Vestido todo de acero, 

Al desierto. Por mi parte 
Maté con mis propias manos 
Al mayor de mis hermanos. 

Como en vía de descarte. 

Por una que roe jugó. 

Me persiguieron, fui al Papa, 

Y el de mi culpa me escapa 
Ordenando venga yo. 

Para purgar mi pecado, 

Con esta cruz al desiertos [Señalando la cruz <jue trae si 

Es así que es caso cierto pecho ] 

Que el desierto se ha pisado 
Por el rey Luis y por roí, 

Luego el rey Luis y este paje 
Han terminado su viaje, 

Puesto quQ se hallan aquí. 

2.® Mal cristiano eres, por Dios! 

Y si te oyera el muy santo. 

Bernardo 

L® Sé todo cuanto 

Me diría; y con su voz 

Y la lanza qoe encontraron 
Al pió del altar mayor 

De esta iglesia, con fervor 

Me amenazára Lloraron, 

Mucho ya mis pobres ojos 

Y mucho he peregrinado 
Por enmendar mi pecado 1 1 ! 

Con que vamos, tus enojos. . . . 

Mas ¿quién viene? 


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ESCENA 2.'» 


Alfredo y dichos- 

Alf. Un caballero. 

P. 1.' Algo mas se necesita 
Para entrar en esta sala. 

Ai.F. Siendo menos entraría. 

P. 1.° Pero también es verdad 
Que saldríais mas de prisa. 

Air. Será mejor que tus voces 
No salgan tan atrevidas. 

Id, paje, y á vuestra reina 
Que ha obedecido, decidla. 

El caballero italiano. 

P I » Si la reina os necesita [Vise por el tercer baatidor 

la izquierda.] 

Ya es otra cosa diversa. 

Aí.F. Id con Dios. 

p. 2.® Si no es precisa 

Mi presencia al caballero 

Alk. Marchad, paje, con mi estima. 


ESCENA 3.a 


Alfredo solo* 


Alf. Por qué dentro mi pecho 

Hay algo que oscurece la hermosura 
De esa divina amante criatura; 
y nunca satisfecho 
Con su amor hechicero, 

Desmiento hasta mi fé de caballero? 

M.-igoífico aparato ! 

Ln cadáver quizá cobrase aliento, _ 


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46 


1 L C H ü Z A n o . 


Si io llamáran rey por un momento; 

Y el menos insensato 
Su vida inmolaría 

Por colocarse allí tan solo un día 1 

La vísta de un monarca 

De su poder contempla el horizonte, 

Como en la cresta de empinado monte 

El Aguila que abarca 

Con su mirar de fuego, 

lumenso espacio que lo hiende luego. 

Con orgulloso lábío 

Dicta imperante de su rejía silla, 

Y al éco de su voz caé la rodilla 
Del guerrero y el sábio. 

Del jóven arrogante, 

Y del viejo en noblezas delirante. 

¡ Como se llega á rey I 

Ver en tinieblas deslizar la vida 
Teniendo el alma de ambición henchida 
Ah l espida que consume 
La vida misma que alentar presume. 


ESCENA 4.» 


Alfredo y Celina ^ 


Celina habrá entrado en la eicena artes de concluir Alfredo las últimas palabras. 


Cel. Tendrá tu ambición su logro 
Si también tienes amor. 

Alf. Celina ! ¿ aquí? ya la reina 
Debe venir: huid por Dios. 
(’el. La reina está entretenida 
Escuchando un travador. 

Te pesa el ver á Celina? 

Alf. No; mas si ven que los dos 
Hablamos, tú no comprendes 
Lo que sufriria^yó. 

Cel. y qué no sufre Celina 


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EL CRUZADO. 


4 ? 


Poní? Ahí mi corazón 

No sabe sino adorarte: f 

Tú DO conoces, oh no ! 

Como se ama en el desierto: 

Mas que los rayos del Sol 
Arde el amor en nosotros. 

Alf. Celina ! 

Cel. Por tí el amor 

Primero sentí en mi pecho; 

Por ti olvidé de mi Dios 
Su palabra y los preceptos 
De mi estricta relijion; 

Y rompí por tus amores 
De mis creencias el amor. 

Por tí miré las arenas 
Abrasadas por el Sol, 

Como alfombras delicadas 
De vivísimo color; 

Que no hay soles^ ni desiertos, 

Ni infortunio, ni dolor 
Que no crea una ventura 
Si me encantas con tu voz; 

Por tí sueños mas hermosos 
Que la bella luz del Sol, 

Cuando trinan en el árbol 
La calandria y ruiseñor^ 

Cuando hay gotas de rocío 
Como perlas en la flor. 

Cuando toda es hebras de oro 
La arjentada creación; 

Por tí toda el alma mía 
En un éstasis de amor. 

Ya delira con tus ojos. 

Ya delira con tu voz 

4 Qué mas quieres, vida mía. 

Rica estrella de raí amor. 

Si hasta amenacé mi vida, 

Al ver que otro pretendió 
Este corazón que es tuyo ? 

Alp. i Otro? 

Ceu JWas tuve valor. 


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F L C R U Z A h O 


(>ue fie sus torpes halagos 
Mi puñal me defendió. 

Ali . Inf.irae freile 1 
IIll. Seis (lias 

hn su tienda rae guardó 1 

Y amenazándome ora 
Con palabras de furor. 

Ora hacicndoine promesas, 
Ora humilde y con baldón. 
Quería del pecho mío 
Beber alientos de amor, 

Pero mas que Alá tu iraájen 
Resistencias me inspiró, 

Y tan solo maldiciones 
Compensaron su pasión. 

Alf. Yo le buscaré al cobarde. 

Cel. No, rai Alfredo, aqueso no. 
Ya estoy libre de su imperio; 
Otra cosa quiero yo. 

Mi hermano dará á tus reyes 
Cuanto exija su ambición 
Por mi libertad — Alfredo, 

Yo pude escuchar tu voz: 

Sé que deseas un trono, 

Lo tendrás. También sé yo 
Que miles de hombres deseas 
Para mandar; no habrá dos 
Que cual tú tengan esclaTOf 
Con mas tina sumisión. 

Yo te ofreciera un Serrallo 
Con murallas en redor, 

Que guardara las mujeres 
Mas lindas qiie Alá creó; 

(]on tanto esmero cuidadas. 
Que cada una en su prisión 
Per lecho tendría plumas 
De bellísimo color, 

Y perfumes deliciosos 

Que embriagasen con su olor: 
Tanta seda y pedrería, 

Taoto pájaro veloz 


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El CEQBAJ^O. 


*0 


Qoe trinando en torno Buyo» 

La dijera dulce amor» 

Qoe ninguna desearla 
Terminára su prisión» 

Mas esto no te lo ofrezco» 

Porque zolos tengo yo 
Hasta de que baya mujeres 
En el mundo de los dos. 

Aif. Celina; tu voz me abrasa. 

CeL. Y si Alá mandase boy 

A otro mundo nuestras almas» 
Tendría zelos mi amor 
De las huellas qoe tu planta 
Sobre la tierra dejó. 

Alf. [Tú no comprendes» Celina» 

Mi terrible situación 1 
I Olvidas que soy cristiano T 

Cel. ¿ Qué importa eso ? el amor» 

Sí te vienes al desierto» 

Será nuestra relijion. 

Alf. Ab 1 en el desierto, Celina, 

Solo pensaba en mí amor; 

Allí» donde en el silencio 
Solo escuchaba tu voz» 

Como música suave 
De amorosa inspiración» 

Como brisa de la Italia 
Que conmueve el corazón; 

Pero, ¡ ay 1 que ya en Antioquia 
Se confunde con tu voz» 

El estrépito glorioso 
De guerrera confusión; 

Y son tan grandes, Celina, 

Los sueños de mi valor. 

Que no caben en los senos 
De mi altivo corazón. 

Yo le idolatro, lo juro; 

Pero una fuerza mayor 
Me roba» por mi desgracia, 

Los encantos de tu amor. 

Debo cumplir mi destiuo. 


15 


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50 


B L C » ü » A 1>*0 . 


Qué quieres! mi relijion 
También do lí me separa, 

Y apenas me basto yo 
Para decirle Te amo/' 

CEt. Me amas ? dilo. 

Alf. Sí. 

Cel. Pues yo 

Ya le lie enseñado bástanle 
El frenesí de mi amor : 

Yo lo hice (liieñode todo 
Cuanto liny en mi corazón. 

Alfredo, guarda el regalo, 

Pero no quiera lu Dios 
Que lo arrojes de tus manos ! 

Alf. Nó, jamás. 

Cel. Por compasión 

De tí mi^mo súme (i el. 

Alf. ¿Dudas? ¿Porqué? 

I Que sé yo ! 

Alf. Celina, . , . 

Cel. Espera. ... se acercan. . 

Alf. La reina será por Diosl 

Cel, Alfredo, yo me retiro. 

Alf, ¿Volverás? 

Caí.. Con mas amor. 


[Muy mtreadó- ] 


[Vá#e por la poerit ff«reia.] 


ESCENA 5.t 


Eleonora y Alfreda, 


Eleonora sale por el segundo basiidor de le ÍFqnterdi. 


Alf* a vuestras reales plantas la rodilla 
No es desdoro doblar, bella Señora. 
Ello. Levanta, caballero, tan cumplido 
Eres como leal. 

Beica Eleonora, 


[Se arrodilla y be^a It «aie 
« da ia reina.] 


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BL CBÜBADO. 


bi 


Iqoi vuBStro mandato roe lia llamado 
4 Qué ordenáis á este pobre caballero 7 
A (lama de tan alta nombradía, 

Ciñórase de lauros ei guerrcuo 
Que pudiera servirla con su brazo. 

Ya lidiando campcon.de su nobjeza, 

Ya proclamando con la lanza en ristre 
El resplandor de su sin par belleza. 

Elbo. Si hubiera inenosirr un fuerte brazo 
Que amparase mí débil existencia, 

Te nombraría á tí mi caballero; 
Quedándose tranquila, mi conciencia 
Presumiendo tu triunfo en el combate; 

Pero j gracias al Cielo I todavía 
No preciso de espadas por escudo. 

Alf. y qué mandáis, Señora. 

Eleo. En este día 

Quiero acaso premiar pasados hechos. 

Tú de mi esposo la preciosa vida. 

De Pisidia en las lúgubres montañas 
Con valor libertaste; y desmedida 
Mi gratitud á tus esfuerzos fuera. 

Alp. Nada pretenderé. 

Eleo. Dimo, italiano: 

¿Fueron nobles, acaso, tus abuelos? 

Alp. Mas que nobles, Señora. 

Eleo. No es en vano 

Que pregunto: sus nombres cuales íueroo ? 

Alt. La sangre de los Duques de Espoicto 
Es la que altiva por nvis venas corre. 

Mas dense ilustre nombre, que respetos 
Mereció de la Europa en algún dia. 

De su inmenso poder y su grandeza. 

Ved, Señora, la herencia en esta espada. . . . 
‘El soberbio aloman con su fiereza 
Al profainr la Italia con su planta, 

Y lombardos, y francos y esclavones 
Pagaban su osacUa i mis abuelos 
Con sangro de sus torpes corazones. . . . 

V Venccia, Gaeta, Ñápales y Amalfi 
Saben guardar sus hechos iomortaleSf 


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55 


EL cnVZkDO. 


Y cuentan que las manos de Espolelos 

Nunca dieron los Palios Imperiales 

Has lodo esto pasó. . . . van ocho siglos 
Desque cansada el águila allanera 

De sacudir el mundo entre sus garras, 

So rcvculó en el medio do la esfera ; 

Y cayendo en el suelo de su ludia. 

Hizo temblar al mundo su caída, 

Y á la Italia infeliz partió su cuerpo 
En mil pedazos de distinta vida. 

Eleo. Pero quizá algún dia 

Alk. Sí; algún dia 

Los buitres que se embriagan carniceros 
Con los restos del águila cadáver, 

Han de lanzar entre aves lastimeros 
Junto con esos restos su existencia. 

Eleo. Y tan ilustre y noble descendiente 
Puede vivir contento con su estado ? 

Ale. Soy soldado de Cristo solamente; 

Pero mientras los Cielos me protejan 
Pueda ser que los golpes do mi espada. .... 

Eleo. Hagan temblar los tercios musulmanes; 

Pero no pasarás de caballero. 

Alf. y quó poder hacer ? 

Eleo. Mas alta gloria 

No concebiste nunca en tu cabeza ? 

Alf. Sueños no mas de pasajero imperio. 

Eleo. ¿Y si acaso esos sueños de grandeza 
Pudieran realizarse ? ¿ Nunca, dime, 

Deseaste te adornara una diadema? 

[El talento de loa actores comprenderá el carácter 
de dignidad y grandeza que deben desplegar en 
el rehilo de esta escena; Eleonora dará á sus pa- 
labras y á 6U acción toda la altivéz y nobleza con- 
veniente, que, para preocupar á Alfredo, es oeoe- 
saria; y Alfredo irá manifestando progresivamente 
la fabcinacion de su espíritu.] 

Aüf. Alguna vez quizá. 

Si tú supieras 

i Como en las sienes su contacto quema ! 

Al primer escalón no mas del trono 
< Como nos levantamos de la tierra ! 

^uujiua un instante que mi esposo 


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BL GRÍJ2AD0. 


53 


T« cede una grao parle en csla guerra, 

Y, que al fronlc de pravos escuadrones. 

Has tomado una plazi en ol desierto, 

Y por su rey al punto le proclama 
De entrar en la ciudad. 

Alf. (Si fuera cierto I ) 

£leo. Imnjina también qne este es tu trono, 

Y al compás de los cánticos triunfales 

Vas llegando hasta él yá está tu planta 

Donde solo se vén las plantas reales. 

Nada te inspira la primera grada ? 

Alf. Creo que me desprendo do los suelos í 
Eleo. Pisa, pues, la segunda: ; qué te dice ? 

Alf, Creo tocar la frente de los Cielos^ 

Eleo. Sube, pues, h la última: ¿ qué piensas ? 

Alf. Pienso que el mundo por mis plantas rueda, 

Y que anda mas velóz, si yo lo mando; 

Y que si yo lo mando, quieto queda ! 

Eleo. ('olócalc en el trono La corona [Toma la corona de Luiá 

Es esta bien así y ora qué sientes ? ^ ** pone ] 

Alf. Siento que so me abrasa la cabeza, 

Y entre llamas de gloria refuljeulcs 
El universo ante mis ojos brilla; 

Y miro que mí frente se refleja 
En la posteridad que me retrata, 

Y aun mas allá del porvenir se aleja 
La grandeza de Alfredo y su renombre ! 

[M&rcba triaofal dentro de bastidored.] 

[Ctfn/afi.| 

Honor, honor al rey. 

Que lleva la Cruzada 
Para Jerusalen. 

Honor, honor al rey, 

Que lleva victorioso 
La enseña de la fé. 

;Eleo. Viene el rey Luis. Escucha: victorean 
Su marcha. Así tambico será la tuya 
Cuando en un trono como á Luis te vean, 

¿Querrás por él prestarme uu sacriücio T 

H 


[Señalando e! trono de 
Luía.} 

[Le toma de la mano y 
le vá conduciendo 8#»guu 
indican iod verdo&.] 


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54 


EL CICZADQ. 


Alp. Mas, que no me despierte de este sueño. 

Hablad y lo obtendréis. 

Eleo. Baja del trono. 

Alp. Pedid, Señora, y cumpliré mi empeño. [Alfredo permeneoe eo el trono.] 

ESCENA 6.« 


Dichos y Celina. 


Celina tale deade las (íltimas palabras por la puerta eeereU: sube al trono con dignidad y 
entereza, y toma á Alfredo de la mano. 

Cel. Vos lo subisteis. Señora; 

Permitid, lo bajaré. 

Eleo. Cómo á desmán tan andace 
Osa atreverse la infiel ? 

Cel. “ Dentro un hora el italiano. 

El rey Raymundo á las diez.” 

Eleo. ¡ Cielos 1 

Alf. ¿ Qué haces Celina ? 


Cel. ¿ No lo estás viendo ? [Lo baja ] 

Eleo. Mujer, 

O demonio del desierto 
¿ Sabes quién soy ? 

Oel. Bien lo sé. [Con desprecio.] 


Alfredo, tedán un trono; 

Pero no sabes por qué. 

Te be bajado del que estabas, 

Y de mil te bajaré. 

Alfredo, por compasión 
De tí mismo séme fiel. 

[Vite por el teieer bastidor de la izquierda.] 

ESCENA 7.« 

Eleonora y Alfredo. 


Alp. Perdonadla. 

Eleo. Nada temas. 


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El CBDZáDO. 


§5 


(Mas empeño bora pondré) 

Vuelve ¿ mi estancia este dia. 

Vete ya, se acerca el rey. 

(Váae Eleonora por al aegundo bastidor da la 
iaqaieida, y Alfredo por el segando de la derecha.] 


ESCENA 8.* 


Luis y Btrmrdo. 


Ber, Ya lo miras, rey de Francia: 

Te acatan y te festejan 
Los defensores de Cristo, 

Ansiando de la pelea, 

Y ansiando de que los lleves 
Donde quiere su conciencia. 

Luis. Los llevaré, padre mío. 

Ber. Quieren cumplir la promesa 
Que hicieron al Santo Padre. 

Rey de Francia, no detengas 
El sagrado juramento. 

Luis. Lo cumplirán. 

Ber. Cada tienda 

Tiene corrupción, placeres, 

Y cuanto mas te detengas 
Mas se olvidarán son hijos 

Y soldados de la Iglesia. 

Luis. Saldremos y venceremos. 

Ber. Quizá tu valor te ciega; 

Escáchame: noche y dia 
En todas partes me encuentras 

Con esta cruz esoitando £Traerá aa crucifijo al pecho.] 

Los soldados, y loi lengua 
Presajiándoles el logro 
De su salvación eterna: 

Diciéndoles lo que el Cielo 
En mis sueños me revela ; 

Contando lo que sufría 
. Sobre la tosca madera. 


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50 


£L CftCXADO. 


El que vino por oosotrcs 
A padecer en la licrra. 

Mis ojos vienen randalts 
De lágrimas, j mi lengua 
Cada vez mas les esciia 

Y cada vez mas les muestra 
Lo fácil de la victoria. 

Su venganza en mi cabeza 
Fulmine Dios, si desmiente 
Mí palabra á mi conciencia. 
Luis. Permitidme. 

Brn. Pero escucha: 

Quiero hablarte sin reserva 
Para que aclivcs tu marcha. . . . 
Creo que Dios nos proteja. 
Creo todo; pero en tanto 
Del desierto las arenas 
Se tiñen con nuestra sangre, 

Y cu cada día la empresa 
Ls mas dilicil. . . . Arcanos 
Serán do la Providencia, 

Que en esta tierra lejana 
Tan misteriosa se muestra. 

} Quien pudo creer algún dia, 
Que muriese en la Judco, 

Lo que nació de ella misma 

Y alimentóse de ella ! l ! 

\ Aquí fué el teatro primero 
Do la relijion suprema, 

Y aqui también fué su tumba. 
Soberana Providencia 1 1 ! 

Luis. De esa tumba la alzaremos 
Padre mío, 

}}uB. Yanoscofsta 

Tanta sangre, que tú solo 
Puedes impedir que sea 
Tuiubiop la tuíuba de Europa, 
Esta Asia lau allanera. 

Ya cuarenta mil soldados 
Has perdido en las coniicodas 
Hasta llegar á Aniioquia, 


1 Le beet la mano con suca: reo* 
¿«mieoio.] 


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EL CRUZADO. 



Sin Díoguoa consecuencia. 

El rey de Jerusalcn 
Está defendiendo apenas 
Las murallas que lo guardan. 

Apresura tu carrera; 

Vé en su amparo, que si logras 
Salvarla con tu defensa, 

Quizá mañana tremole 
En toda la Asia la enseña 
Del Reíkotor de los hombres; 

Y si por caso cimentas 
En el Oriente tu imperio^ 

( Rey de Francia t quién pudiera 
Disputarte el de Occidente? 

La Alemania está sujeta 
Con la tiara de Eujenio, 

Y Roma será altanera 
Cuando sepa que Conrado 
Está de vuelta en Europa 
Sin cumplir su juramento. 

Sabes bien que la Inglaterra 
Nada nos presta de ausilio, 

Y que tal indiferiencia 

No se ha de olvidar en Roma. ] 

De España las cortas fuerzas 
Para ella sola no bastan. 

Y en este instante despeña 
Délos montes asturianos 
Los hijos que en su defensa 
Con el árabe combaten; 

Y ya son dos bandas fieras 

Las que á Don Alfonso hostigan, 

Pues de la africana tierra 
Á los árabes ausilian 
Hordas de moros soberbias. * 

¿ Quién será, pues, rey do Francia 
Quien dé sombra á tu diadema ? 

Luis. Todo eso lo sé, Señor, 

Mas si demoro esta empresa. 

Si en Autioquia me hallo. 

Es porque quizá n^e fuerza 

! ^ 
i 


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oS KLCRÜIADO» 

Una voluntad que tengo 

Por mi mal que complacerla 

Beh. Todo lo sé; mas tu debes 
Airar tu voz, y con ella 
Hacer temblar la cristiana. 

Que en demorarte se empeña. 

Eres su rey y su esposo; 

Manda, pues, que te obedezca. 

Luis. Impera tanto en mi alma I 

Pero, al fio al fin hacerla 

Que me obedezca sabré. 

Ber. Ten valor. 

Luis. Me alega ella 

Que su salud se quebranta 
Con marchas tan do carrera, 

Y puede ser; pues aunque 
Está la fé en su conciencia, 

Su cuerpo es débil, Señor; 

Que la voluntad suprema 
De Dios, hizo á la mujer 
Con mas mísera flaqueza. 

Que á los hombres. 

Ber. Rey de Francia, 

50 quebranta su conciencia 
Mas que su cuerpo. 

Ltis. Callad 

Yo os lo prometo, la empresa 
Será pronto continuada. 

Ber. Hacedlo asi; que tremenda 
Fuera de Dios la justicia, 

51 una mujer consiguiera 
Detenerte. 

Luis. Padre mío. 

Queréis que vamos á verla ? 

Ber. En vez de estar escuchando 
Las palabras de la reina. 

Prefiero oir de los Cruzados 
Sus lamentos y sus quejas. 

Luis. Siendo así 

Bee. Te ausílie el Cielo. 

Luis. Él vuestra vida defienda 




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EL CROtADO. 


59 


ESCENA 9.* 


Bernardo. 


Ber. Pide por lí, rey de Fraacia; 

Que su mano te defienda 
Cuando el rayo se desprenda 
Qué consuma tu arrogancia. 
Tiembla de este fraile, ] oh rey ! 
Que, apesar de tu grandeza. 

Si alza un poco la cabeza. 

Puede imponerte la ley. 

Prendida de mi solana 
Conduzco la Europa entera; 

No interrumpas mi carrera 
Que eres carga muy liviana; 

Pues con tanto amor roe ampara 
La suprema Vfrjen Madre, 

Que basta puedo al Santo Padre 

Descubrirlo de la tiara 

Dios le ayude, rey prolijo. 

Si cuando estés mas contento, 
Quiero decir un acento 
Mostrando este crucifijo. 


ESCENA 10.‘ 

Celina y Bernardo. 


Ctu Señor ? 

Ber. Qué me quieres 7 

Cel. Podéis escucharme 
Tan solo un momento? 

Ber. Mujer, ¿Por qué nó I 
Cualquiera que sea. 

Si está desvalido. 


[Bn acción da irte.] 


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60 


EL CRVXADO^, 


Si busca coQSuelo, 

Mi amparo le doy. 

Cel. No basco consuelos. 

Ni alivio^ ni amparo; 

Tan solo una cosa 
Quisiera saber. 

Ber. Pues habla. 

CEr>. Nosotros 

Acá en los desiertos^ 
Sabemos muy poco 
De Europa y su ley; 

Y siendo tan raras 
Las cosas de Europa^ 
Curiosos á veces 
Solemos estar. 

Ber. Es vuestra la culpa: 
Romped esc velo 
Que os quila á los ojos 
La luz celestial. 

Pedid de rodillas 
Perdón á los Cielos, 

Y el Padre del hijo 
Que el rostro escupís, 
Sabrá vuestro crimen 
Mirar bondadoso, 
Poniendo de Europa 
Las luces aquí. 

Cel. No quiero, buen fraile. 
Palabras sublimes 
Del Cristo, ó Mahoma, 
Con vos pronunciar. 
Pedid por vosotros 
Al Dios que os dó gana; 
Dejad que á Mahoma 
Roguemos acá. 

Rer. Maldita tu lengua 

Que mezcla los uombros, 
Del Dios de los Cielos 

Y el perro de infiel. 

Cel. Dpjpmos, os ruego. 

Tan agrias palabras 


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SL G&UKADO. 


«1 


Einna pregoüta 
¿ Queréis responder ? 

Ber. Empieza. 

Gel. Escuchadme : 

Los hijos del Asia» 

Ya bien en las hojas 
Del puro Alcorán; 

Ya bien en los lábios 
De viejos guerreros, 

O sábios que miran 
Los astros marchar; 

Temprano aprendemos 
Que el hijo del grande 
Que manda al Profeta, 

No debo mentir; 

Y aquello que diga. 

Poniendo al decirlo 
Su mano en el pecho. 

Lo debe cumplir. 

Decidme: ¿ en Europa 
Se manda lo mismo? 

Bei« Mentir es delito 
Prohibido por Dios. 

Gel. Aquel que en nosotros 
Engaña á un hermáno, 

O esquivo no cumple 
Promesa que dió; 

Si es hombre el que ha sido 
Por él engañado. 

Se lanza al desierto 
Gorriendo tras el. 

Le dan alazanes 
Y ausilio doquiera; 

Lo alcanza, y con sangre 
Le enseña la fé; 

Y si es por acaso 
Mujer la engañada, 

Se apura á vengarla 
Su hermano leál; 

Si hermano no tiene, 

En todo el desierto 

16 


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6? 


EL 9RUX4D0. 


No dan al cobarde 
Ni tienda, ni sal. 
Decidme: en Europa 
Se estila lo mismo* 

Ber. a todoa asiste 
Derecho y poder» 

De hacer al cristiano 
Que ofertas le ha hecho. 
Que cumpla al instante 
Su empeño y su fé; 

Que es mal caballero. 
Cristiano perjuro. 

Quien falla, si hadado 
Palabra de tal. 

Cel. y á todos es dado 

Pedir que la cumplan ? 
Ber. Sin duda; todo hombre 
Para esto es igual. 

Cel. y si es prolejido 
De grandes Señores ? 

Ber. Mas nadie proteje 

La mancha en su honor* 
Cel. Entonces, dichosa 
Pasad vuestra vida. 

Ber. ¿ Estás satisfecha. 

Cel. Contenta me voy. 


Fin del acto tercero. 


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ACTO CUARTO. 


Salón do palacio— un sillón y junto á él un pequefío taburete. 


ESCENA l.« 


Ebrardo y Celina. 


Ebr. No te irás, nó.— Te diré. 
Cel. Suelta, fraile, te aborretco. 
Ebr, Tu esclavo siempre seré; 
Siempre á tus pies estaré; 

Mi vida, mi alma te ofrezco. 
Cel. Suelta, maldito do Alá. 

Quieres amor? te detesto. 
Ebr. Do hinojos me has visto yá; 

' Di siquiera que por esto 

Tu pecho se ablandará 

Cel. Ni el jénio del mal que habita 
De Istalkar en lo profundo. 

Ni las serpientes que ajila 
Con su acento furibundo, 

Y á beber sangre concita; 

Ni cuanto existe en la tierra 
De poderoso y temible. 

Podría hacerme sensible 
A esa pasión que se encierra 
Eo tu pecho aborrecible. . 


[De rodil Ise, teniendo de la 
no i Celina.] 


ina 


[Se desprende.] 


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C4 


IL CRUtADO* 


Te detesto, nazareno 
¿ Lo comprendes? Mas por cierto. 

Vete á buscar al desierto 
Una tigre que en tu seno 
Vierta su amor, ó veneno. 

Que lo mismo es para tí. 

Ebb . Pecho do hierro 1 no importa 

No me quieres dar un si 

Que de rodillas pedí 

Pues el nó mi alma conforta 

Quieres á otro ¿ es verdad ? 

Pues ese otro te engaña, 

Y lleno de liviandad. 

En los brazos de una estraña 
Olvidará tu beldad. 

Mañana vá á ser su esposo; 

Di ¿ no te abrasas de celos ? 

Habla paga al veleidoso 

Con otros nuevos desvelos, 

Yo te adoro. [La toma de la mano.] 

Cel. Mas odioso 

Me pareces por lo mismo. 

Suéltame. 

Ebr. Ruido siento. [Laauelta.] 

Cel. Serpiente ó tigre sediento. 

Ojalá, fuese un abismo 

Que le tragase violento 1 [V áse.] 

Etír. Apiádate, Dios bendito; [Muda to„o j| * Aibeno.] 

Ilumina estas crealuras. 

Que en su pcroone delito 
Te desconocen á obscuras ! 

ESCENA 2.» 

Ebrardo y Alberto- 

Alb. Buen cristiano és, por mí vida» 

El Gran Maestre del Templo ! 

Ebr. Por convertir esa iofiel 


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Lo posible estaba haciendo; 

Pues soy siervo de la iglesia 

Y soldado al mismo tiempo. 

Alb. Yá I 

Ebr. Vais á ver á la reina ? 

Alb. Nó : deseo ver á Alfredo. 

Ebr. Se lo diré. 

Alb. No reuso. 

Ber. Entonces [Vage ] 

Alb. Id con el Cielo. 

ESCENA 3.^ 

Alberto solo. 

Alb. Miserable ! ¡ así profanas 
Tus sagrados juramentos ! 

{ Asi se manchan de Cristo 
Los soldados 1 así el Cielo 
Parece que nos’olvida 

Y abandona en los desiertos. 

Una Cruzada perdida, 

Y esta segunda bien luego 
Se habrá de perder también 

¡ Oh Dios mío ! prolejednos I 


ESCENA 4.» 

Alfredo y Alberto- 


Alf. Mi buen Alberto \ cuán goza 
El alma con encontraros! 

Ald. Será preciso que Alberto 

Busque á su amigo en palacio. 
Porque ya su pobre tienda 
Tiempo há que la ha descuidado. 


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6i3 


B L C B O 1 A P O - 


Ar.F. Alberto amigo, tu sabes 
Que hace diez dias me bailo 
Tan lleno de ocupaciones 
Que yo mismo no me basto; 
Pero aquí ó en el desierto, 

£n cabañas ó en palacios, 
Alberto tiene en mi pecho 
Su lugar bien reservado. 

Arj^. Ay, Alfredo 1 el terso brillo 
De la grandeza y el fausto 
Deja ciegos los afectos 
En el pecho mas honrado 1 
Quien sabe sien esta senda, 
Donde pisas tan incauto. 

No dejas tras de tu planta 
Para Alberto desengaños. 

Alf. Por el contrario : en la senda 
Yo le estenderé mi mano, 

Y los dos la correremos. 
Hallando flores al paso. 

Arn. Los dos I Nó : córrela tú; 

Y quiera Dios qiic en tu amparo 
No tenga yo que correr ! 

Alf. Por qué tan negros presajios 
Cuando todo en torno mío 
Lo contemplo abrillantado ? 

Te ciega tu afecto, oye: 

Mañana le doy mi mano 
A Isabel : dentro de poco 
De Aniioquía nos marchamos, 

Y el mismo rey me ha ofrecido 
Que sostítuiré en el mando 

De la vanguardia á Jilbciio; 
Pues este viejo soldado 
Se quedará en Anlioquía. 

Vamos dpsj)ncs á juntarnos 
AI rey de Jenisalen; 

Y después para Damasco, 

Y Edesea y otras plazas 
Irá el resto de mi mando, 

Y cl úc Gofredo y demás. 


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IL CIIÜXADO. 


07 


T bien, Alberto? En mis manos 
Tendré veinte mil valientes 
¿ Nada podré hacer acaso ? 

Todo lo debo á la reina 

Y al rey también. 

Alr, Pero en cambio 

Te casas con quien no amas. 

Alf. Laminare. 

ALtt. ¿Y ella ? 

Alt. Sobrado 

:Soy caballero, y muy pronta 
, Lograré con mis acatos 
Conquistar su coraxon. 

Además, tú sabes cuanto 
Impera en mí otro deseo, 

Y si este al Gn satisfago 
¿Qué me importa lo demás? 

Alb. Deseo noble, sagrado. 

Deseo de hacerse grande; 

Pero I Alfredo 1 ni soñando 
Quisiera yo la grandeza 
Con que le halagas en vano. 

Alf. ¿ Por qué ? 

Atn. Porque la recibes 

De quien dá tan solo engaños; 

De quien si acaso dá uno, 

Ha de pedir mil en cambio; 

Y aun esc uno es probable 
Que tenga mucho de falso. 

En fin, porque la recibes 

De lio rey francés — No me engaño. 
Alf. Esta vez puede que no 
Se desdiga. 

Alb. ] Alucinado I 

De donde sale ose empeño 
De prolí jorle ? de cuando 
Acá los de Francia, estiman 
De tal suerte á un italiano*? 
Cuando no ba sido la Italia 
Para esos franceses vanos, 

^Qiyclo de envidia ó celos, 


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EL CRÜZAÜO. 




O de encono mal callado? 

Cuando del águila olvidan 
Que los tuvo avasallados, 

Y del águila el imporio 

Que la Tiara lo ha heredado ? 

Guando los reyes do Francia 
Eslieiideu leales la mano ? 

Piensan tan solo en sí mismos; 

Y, cuando e’slán apurados. 

Con palabras muy corteses 
Procuran algún aliado; 

Pero cesando el peligro 
Retiran pronto la mano, 

Y el aliado jencroso 
Queda por ellos colgado. 

Alk. Bien; no hablemos de eso ya: 

Sería cruel pensarlo. 

Sabes que se va Celina ? 

Ali5. Lo sé; ¿ creerás he cobrado 
Por ella cierto cariño ? 

Pobrecilla, le ama tanto I 
Ai.f. y yo la amára también. 

Como en (lias que pasaron, 

Si aun tiempo pudiera mi alma 
En sus senos inflamados 
Dos pasiones abrigar; 

Si esta ambición en que ardo, 

Grande, bella, ineslinguible. 

Pudiera en sus arrcbaios 
Darle lugar al amor. 

Air.. Y á no sor por el hallazgo 
De la amistad de Eleonora 

Y de su esposo ? cuitado 

Estás, vive Dios / 

Arr. Silencio ! 

Vienen : la reina es acaso, 

Ai.r. Me retiro. 

Ai.v. Nó; es Celina. 

Ya me ha visto: aguarda un ralo. . . . 
Proméleuiü que á la reina 
Visitarás. 


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el GEVZáDO. 


•t 


Aia. Por tí lo hago. 

Alt. Con toda so comitiva 
Ha salido de palacio, 

Y antes que retorne^ debo 
Ir á encontrarla. — Te aguardo. . 


ESCENA 5.^ 


Celina y dichos^ 


Celina sale por el tercer baiUdor de la izquierda. 


Cel. No le asustes, soy Celina. 

Por qué el mirarme le asombra T 
No es todavía mi sombra 
La que tras tu pié camina. 

Soy Celina ¿no me miras? 

La que allá en los arenales 
Te envolvía con sus chales. 

Alfredo ¿por qué suspiras? 

Tienes algún sinsabor ? 

Alf. Por Dios I CelinQ. . • • 1 
C£L, Qué sientes? 

Tienes, acaso, presentes 
Nuestros momentos de amor? 

Alf. Calla. 

Cel. ' Por qué ? Eran tan bellos 1 
No te acuerdas ? en el alma 
No había ni fé. ni calma. 

Cuando nos movían ellos 

Alf. Bien, basta. 

Cel. Aun creo que está 

En mí seno tu cabeza, 

Y que alabas mi belleza 

Maldito seas de Alá ! 


I AlfVedo •• vi precipitadamente 
por el segundo bastidor de la 
quierda.J 


18 


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70 


IL eRUZlDO. 


ESCENA 6.^ 


Alberto y Celina. 


Alb. Celina, aplaca el furor 

Que el tenerlo es desacierto: 

Tu volverás al desierto 

Y allí olvidarás tu amor. 

Cel. Tu amor! tu amor ! nazareno. 

No confundas, miserable. 

Una almíbar deleitable 
Con un vaso de veneno : 

Amor ! ayer tuve amor 
De mi vida en cada fibra; 

Hoy en mig entrañas vibra 
Olro fuego abrasador. 

Has pensado, nazareno. 

Que una mujer despreciada 
Sabe guardar perfumada 
La pasión deniro dcl seno ? 

Qué son amor sus furores ? 

Qué son celos ?. . . . Europeo í 
Tú no entiendes según veo, 

Ni de orgullo ni de amores. . . . [Con sumo defprecio.] 

Alb. Bien, Pero yo te lo pido: 

Calma tu pecho y te ausenta; 

Y esa pasión que te alienta 

Haz por echarla al olvido. [Vite ] 

ESCENA 7.^ 


Celina sola. 


Cel. Huyes de mí ? pronto iré; LMir^u.io i» puerta por dontfe §% 

Y no siguen con mas prisa Aiiredo ] 

Las arenas á la brisa, 


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EL CRUZADO. 


7i 


Como yo le seguiré. 

No me miras ? le veré; 

Y no hiere mas la frenle 
De la Libia el sol ardienie, 
Como yo le miraré. 

No me escuchas ? tú me oirás; 

Y al bramar de la tormenla. 

El león lio se amedrenta 
Como Lú me escucharás. 


ESCENA S.»» 


Celina y un paje. 


Paj. Su Alleza el rey quiere hablarle; 

Vente conmigo á su estancia^ 

Cel. Donde quieras. 

Paj. Tan bonita 

Que aun que es infiel no está malal [Venir.] 

ESCENA 9.*^ 


Eleonora, Raymundo, Alfredo, Isabel, Ebrardo, Jilberto, Daniel, damas, ca^ 
bolleros, pajes. — Raymundo traerá de la mano á la reina, Alfredo á Isabel. 


Eleo. Parece que estos salones 
Tienen fuego en derredor, 

O que al través de los lechos 
Está penetrando el Sol. 


Este quizás [Se sienta en el aillon ] 

Hat. Es mas vasto. 


Y podéis estar mejor. 

ISAB. El Sol en estas rejíones 

No es muy gaJanle, por Dios I 
Alf. Si el Sol á la flor quebranta. 
No tiene la culpa el Sol, 


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75 


ELCRt»ADO- 

Sinó la suave b^cza 
De la dclicadá flor. 

Eieo. Raymundo, continuaremos 
Si 03 parece. 


Rav. Siejiipre ya, 

Real Sonora, acato y quiero 
Lo que mas os place á vos. 

I leo. Isabel, Jilberlo, todos. 

Queréis, pues, quo mi cantor 
Nos diga un nuevo romaneo ? 
IsAB. Romances, es lo mejor: 

Yo oiré con gusto, Señora. 
Jilo. Yo mas querré una canción 
De algún bravo caballero 
Muy desgraciado en amor, 

Y muy fino con su dama: 

Ya soy viejo, y pienso yó. 
Cuando oigo tales endechas, 
Que en mi mocedad estoy. 

Eleo. Tendrás la canción, Jilberto, 
Que mi niño trovador 
Se esmera por complacernos; 
Pero antes, ven, quiero yó 
Algún cuento bien sentido 

Y nuevo. 


[A í).»ni'l.[ 


Dan. Mi reina, soy 

De todos los trovadores 
El de menos provisión 
De historias en dulce rima; 

También el mas joven soy: 

Apenas catorce años 
Hace poco cumplí yó; 

Pero á vuestro real nraudato 
Presta Daniel sumisión, 

Y pediré á mi memoria 
Algnu romance do amor. 
íRtEO. Bien, mi Daniel á mis plañían. 

Señüi a, pcusauido estoy. ISeeienía Djo el * lotp«i .dá 

E cunore.] 


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«L CRC7. A DO 


Recita. 





En la bella Andalucía, 

Cielo de oro tachonado, 

Haj un palacio que llaman 
El encantado palacio.” 

Bleo. Espera, Daniel, quisiera 
Oír algo de mi nación. . . . 

Algún romance de Francia. 

Dan. Señora, soy Español; 

Y allá en mi España se tiene 
Por menguado al trovador. 

Que tañe en su arpa española 
Las cosas de otra nación. 

Eleo. Sigue, pues, con tu romance. 

DATf. Bella Señora, allá voy. 

En tn bella Andalucía, 

Ciclo de oro tachonado. 

Hay un palacio que llaman 
“ El encantado Palacio. 

“ Y á las doce do una noche. 

Estando el Cielo embozado,. 

Se oyó cerca del recinto 
Los relinchos de un caballo. 

Paró al pié de los balcones 
Del palacio solitario, 

“ Y el jinete desmontóse. 

Aunque armado, sin trabajo; 

Y una arpa tañendo breve, 

Dijo con acento blando: 

Despierta; es tu caballero 
“ Que te busca enamorado. 

Despierta, dueuo del alma, 

“ Que está vencedor mi brazo, 

“ Y quiero sellar de hinojos 
** Un beso en tu blanca mano, 

** Se abrió un postigo, y la llama 
“ De un candilejo de barro. 

Mostró el rostro de una vieja 
** Con semejanza de diablq* 

“ ¿ A quién buscas ?— A Leonor; 

19 


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-mm'- 


7h «K i. -<11 D 1 A D o. 

. / 

Contestó el enamorado. 

Miró la vieja hácia el Cielo, 

Y dijo ; está descansando. 

Cerró despucs el postigo. 

Haciendo un jesto bellaco; 
y dando un grito el amante 
Cayó al suelo desmayado: 

' Volvió en sí, y ante la imájen 
De Leonor alinojado, 

La dijo ; Señora míay 
Pronto vamos á juntarnos ^ 

Que juré ser caballero 
De vuestros altos mandatos ^ 

Y pues aquí concluyeron 
Voy al Cielo á respetarlos^'' 

** y al salir el Sol hermoso 
Vió un sepulcro solitario, 

Y junto á él un caballero 
Con su daga traspasado.” 

Eleo. Bien Daniel inio. [Toma su cabeza para darle ua 

Otros . Muy bien . heéo.] 

Dan. Teneos, reina, por Dios 1 
Que si vos me dais un beso, 

Quizá otro os pida yó; 

Y uno, y dos, y diez pidiendo, 

Puedo ilegar á un millón. [Eleonor, te ríe.J 

ISAB. Es galante ! 

Eleo. Y algo ardiente. 

Dan. Señoras, soy español. 

Ebr. Se acerca el rey. 

Ray. Bien venido. [Raymundo ae retira del itdo^ 

Eleo. Pues creo fuera mejor. Eieoaora.j 

No viniera todavía. 

\ No puede una estar de humor ! 

ESCENA 10.» 

Dichos, LuiSf Celina y Bernardo. 

Luis* Siento á mi real esposa distraerla 
De los gratos momentos que disfruta. 


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EL 

Señores, perdonad; pero reoDÍdos 
Supe estabais aqui. — Libre Celina, 

Al lado de su hermano se encamina, 

Y tiene sentimientos tan cumplidos 
Que quiere despedirse de vosotros. 

Eleo. Solo hemos visto la desgracia en ella 
Los dias que ha pasado entre nosotros; 

Y crea que al partir solo sentimos 
No decirla un adiós como á cristiana; 

Pero en cambio darémosla al momento 
Un noble caballero que custodie 

Su marcha en el desierto — Buen Ebrardo, 

Con permiso del rey, tu soberana 
Te pide este favor. 

Ebr. y yo, Señora, 

Pues que vos lo mandáis... 

Cel. ¿ Lo haré en buen hora ? 

Gracias al mny virtuoso caballero. «... 

Rey de Francia y Señor, ¿ queréis que sea 
La que elija entre todos el guerrero 
Que me llebe no roas hasta Edesea ? 

Luis. Ya que hiciste volver los musulmanes 
Que tu hermano mandó, de los cristianos 
Alguien te llevará; nombra si quieres. 

Cel. Pues elijo. Señor, á ese europeo. 

Ebr. Hablad, Señora. 

Cel. El único deseo 

De Celina, Señor, no se le cumple ? 

Luis. Lo desdeñáis, acaso, caballero ? 

Elbo. Estraño que mi esposo no comprenda 
Que Alfredo es necesario en Antioquia ! 

Y esa mujer que á respetarme aprenda, 

O teniendo por mí mas cortesía, 

Admita el caballero que la be dado. 

Que á mas de su virtud, es esforzado. 

Cel. Gracias os doy, cristiana, es virtuoso 

Tanto como sois vos; ¿ qué mas, Señ ora ? 

Debo tener, decís, mas cortesía: 

Gracias por la lección. ¿ No puede Al fredo 
Salir, decís, tampoco de Antioquia ? 

Sin duda por asuntos do la guerra 


[Por Affredo ] 
[A la reina.] 

[Al rey.] 

[A Alfredo ] 


[CúD mucha ironii.j 


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7<5 


EL GRUÍA DO-. 


De vueslra salvación. .... de vuestro Cristo; 

De la saula misión que hasta mi tierra 
En sar.ias carabanas os conduce. 

Atravesando inmensos los desiertos, 

Y jurando dejar en vuestras huellas 

La sangre de cien mil mahometanos. . ... |9e ríe. 


(mn arpas, trovadores y doncellas 
No se vence, Señora, á mis hermanos. 

Euo. Qué insolencia. . . . Callad. 

Cel. ¿ Acaso miento ? 

¿Qué es lo que hacéis, decid, en Antioquía ? (Con iliifta.l 

¿ Salen á combatir vuestros guerreros ? 

¿ Cruzan en el desierto valerosos 
Con el alfanje turco sus aceros ? 

En vez de combatir, pasais el día 

Escuchando de niños los acentos; (Con deeprvcio i 

O con liviana astucia combinando 

Vuestros torpes cristianos casamientos 

¿ A esto veiiis, Señores, al desierto ? 

Y acaso en otros siglos las historias 

Que escriban vuestros nietos, de la Europa 
Cantarán las espléndidas victorias; 

Contarán que en el Asia tremolaron 
De Cristo y de la Francia las banderas, 

Y qne valor y relijion hollaron 

De las bandas de infieles allaneras; 

Y de valor y rcHijion la Europa 
Ciñó en el Asia su orgullosa frente; 

Pero una voz del corazón del Asia 

Gritará con tesón: La Eühopa miente * 

C.onlarán que la sangre musulmana, 

Que derramaron torpes vuestras manos, 

Fué por vengar al Dios de los crislianoi; 

Pero de cada mancha de esa sangre, 

Que siempre, siempre quedará caliente. 

Como anatema de la torpe Europa; 

Retumbará una voz: La Europa miente.” 

[Luife habrá permanecido en unt profundü 
Meditación i ¡00 reproche*' de Celina.j 

JiiTS. Tan solo el ser mujer, de tu osadía 
Te merece perdón. 


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e K U Z A D o . 


77 


I L 

Lm. Silencio; nadie 

A ofenderla se atreva en mi presencia. 

Sacad vos, caballero, de Antioquia [A Alfredo.] 

La hermana de Nourddin : ella os elijo 
T lo dispongo \6. 

Cst. Venid, Alfredo; ^ it m<no de ai 

Si el ir á los desiertos os aflije, 

Del desierto saldréis | Salud cristianos; 

Alé que es grande su favor os preste I 


ESCENA li.‘ 


Alberto y dichos. 


Alf. Por Dios, Alberto, detente; 1 A Alberto co* prontitud.] 

Ven conmigo, y á Celina 
Llevátela, que me pierdo 

Si me ausento de Antioquia. [Vanee loa trea.] 


ESCENA 12.» 


Jmís, Eleonora, Raymundo, Bernardo, Jilberto, Ebrardo, Isabel, Daniel, da 

mas, caballeros, pajes. 


Luis. Rey Raymundo, el hospedaje 
Que nos disteis, con la vida 
Lo agradecemos. La hora 
Llegó ya de la partida, 

Y de todos los guerreros, 
Antes de lucir el dia 
Tendréis á Dios, y saldremos 
De loa muros de Antioquia. 

Yo tengo que mostrar puras 
Mis acciones en el Cielo, 

Y también be do mostrarlas 
Antes de dejar el suelo. 


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7 » 


EL C R U Z. A 1) O • 


La Europa entera en mis manos 
Ha puesto la santa empresa, 

Y tengo sobre mis sienes 
Una corona francesa. 

Debo decir á la Europa : 

“ Proleji la cristiandad 
Y' debo decir á Francia : 
“Conservé tu dignidad.*’ 

Vos no podéis de Antioquía 
Desatender á sus muros; 

Pero nosotros en ella 

Nos volveremos perjuros* 

Ber. Bey de Francia lus palabras 
Las inspira Dios bendito: 
Cristianos, quien no las oiga 

Será dcl Cielo maldito I 

Hay. Real hermano, de rodillos 
Daría gracias al Cielo, 

Si pudiera acompañaros 
Donde os lleva vuestro celo. 
Podéis salir de Antioquía; 

Pero, como buen cristiano, 

Tal cosa no os aconsejo; 

Vuestro poder es liviano. 

Lris. Rey Raymundo, yo me basto. . 
Id al campo, caballeros, 

Y que aparejen sus armas 
Al instante los guerreros. 


[Con impaciencia.] 


[Véanse loa cab.il leroa .] 


\ 

ESCENA 13.» 


Luis, Raymundo f EleonorUy Isabel, Daniel, damas, Ebrardo. 


Lois. Señores, la rcyna tiene 
Que hablar á solas conmigo. 
Perdonad, pasa á mi estancia. 
Kr>p.. (Señora escuchad.) 

Fleo. Os sigo. , 


[lia loma de ii mano j la I.eTj ] 
[ Vanse las damas ] 

[A Luíf.] 


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EL CRUZADO. 


79 


F.SCKNA 14.' 


Eleonora, Raymundo, Ebrardo- 

Ray. l^leooora, ¿marchareis? [Con mucha entortzi ] 

Elco* N05 (|ue Luis se ({uednrá. [Vase Kaymundo.] 


ESCENA 15.» 


Elonora, Ebrardo, 


Ebr, Señora 

Eleo. Se fué la presa. 

Ebr. y Alfredo también se rá. 
Eleo. Y qué hacer ? 

Ebr. Para uno solo 

Es mucho infiel y francesa. 

Lo entregareis á Isabel ? 

Eleo. Y Raymundo ? 

Ebr. ^ La Condesa 

Saldrá con vos de Antioquia 
Y no leneis que temer. 

Eleo. Hiciste tú el casamiento. 

Tú lo puedes deshacer. 

Mas ti quedo en Antioquia, 

£1 casamiento se hará. 

Ebr. Id, Señora, á prepararos ; 
Vuestro esposo marchará. 


Fiüf del acto coarto. 


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ACTO OllIKTO. 


Tienda de campaña, un pequeño banco, una mesa, y sobre ella un 
jarro con agua, y un vaso. 


ESCENA 1.» 


DE NOCHE. 


Luis, Bernardo, Alfredo, Alberto, Jilberto, cáballeroe. 


Luis eenlaüo y reclinado contra U me^a en actitud de meditar.— Al respiido de la tilla 

nardo y Jilb.^rto. — Loa deraía en distintos lugares, reclioaioa en aus armas manifeataa' 
do abatimiento. — Todos compleieinente armidos. — Alfre lo y algunoi otros caballerea 
tendrán corrida la celada. 


JiLB. Señor, $e aproxima el dia. 
Id UD poco á descansar 
I Creis que tanto meditar 
Mejore la suerte impía 7 
Nosotros nos quedaremos 
Velando vuestra persona; 

Sí el reposo no os entona. 
Mañana no marcharemos. 
Beb. Si, rey de Francia hazlo así, 
Descansa, recobra aliento. 
Pues que tal abatimiento, 
Hasta es vergonzoso en tí. 
Todo en Asia está perdido; 
Pero aun en la Europa no: 


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EL CRVZA.DO. 


81 


Piensa en ello como yo» 

Y cobrarás mas sentido. 

Yo levantó esta Cruzada 

Y ann otra levantaré. 

Cobra aliento, cobra fé. 

Qué mi voz no esta gastada. 

JiLB. Ni la espada de Jilberto, 

Ni la de estos caballeros. 

Ni la de diez mil guerreros 
Que aun quedan en el desierto. 

Ya estoy viejo, mas no importa; 

Aun tengo sangre en mis venas 

Mi rey, desechad las penas. 

Aun vivimos se soporta 

« Este revés y mas tarde 

Luis. Jilberto ! mi buen Jilberto ! 

Bien puedo sin desacierto 
Llamarte leal con alarde 1 
Aun le quedan á la Francia 
Gnerreros que ni las canas 
Hacen sus fuerzas livianas 
O cobarde su arrogancia 1 1 
JiLB. Vamos, Señor, ¡ que ocurrencia I 
Dejad eso por ahora 

Y ved que viene la hora 

En que con vuestra presencia 

Luis Incitaré á los guerreros 
A que vuelvan las espaldas, 

Y del Libano á las faldas 
Envainemos los aceros i ! I 
Suerte engañosa y cruel ! 

Pero al menos á la Europa 
No le haré apurar la copa 
Llena hasta el borde de hiel: 

Marcharemos 

Ber. Rey cristiano. 

Ten en Dios mas confianza 

Y no entibies la esperanza 
Con el frió de tu mano. 

No derrames cobardía 

Luis. Callad, Señor, porque es amengua [Con arrogancia.] 

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8^2 


EL tRÜZADO. 


Esa voz, de vuestra lengua 
Que nunca salir debía. 

No, confundáis, engañado, 

Lo (juc en uu rey es nobleza. 

Con una acción de vileza 
Del miedo torpe y menguado 
Los reyes de Francia lloran. 

No por ellos, los reveses. 

Los lloran por los franceses 

Cuando veu que se de¿lloran 

Señores, los musulmanes 
Esián cerca de nosotros; 

Yo me descanso en vosotros 
Para burlar sus afanes, 

Al amanecer el día . _ 

La marcha comenzaremos, 

Y á la Europa llevaremos 
Valor, sino nombradla. 

¿ El Eíiiperador Conrado ? 

JiiJB. Duerme en su tienda. 

Luis. ¿ Mi espesa ? 

JiLB. En la inmediata reposa 
¿ Queréis verla ? 

Luis. No. ... cuidado 

Con su reposo. ¿ Hay esmero 
En las guardias ? 

JiLR. He corrido, 

Y está todo prevenido. 

Nada hay que temer. 

l uis. Lo espero. 

A esta mi tienda inmediata 
Voy un rato á reposar. 

Señores, podéis marchar. 

Ved que de parlir se trata. [Vise. , .iguno. esballsros ) 

ESCENA 2.» 

AlfredOf Alberto, bernardo, Jilbcrto. 

JuB. ‘¿ Y piensa Su Reverencia [.\ BernarJo t 

No descansar ni un minuto ? 


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EL CRUZADO. 


83 


Ber. Cuando el alma está (ranqnila, 
Poco del cuerpo procuro 
Su descanso, 

Alb. y no os ajitaii 

Los crueles infortunios 
De la Cruzada ? 

Ber. Dios solo 

En sus misterios profundos 
Sabrá porque nos castigo;. 

Pero yo estaba seguro 
Que nuestros torpes pecados 
Nos traerían á lo último 
Lo que nos sucede ahora. 

Alb. Entonces fuera mas justo 
Lo hubierais profetizado. 

De Antioquía entre los muros., 

Y no cerca de Damasco, 

Después que el alfanje turco 
Cegó nuestros batallones. 

Alf* Después que nada en el mundo 
Sino vergüenza nos queda. 

Ber. Será cristiano perjuro 
Quien antes de la batalla 
Haga dudar de su triunfo. 

Pero ¿ que esperar debiera 
Cuando al salir do los muros 
Do Antioquía, á los cruzados 
Olvidar á Dios Ies plugo 

Y desertaban rebeldes 
Para volver á esos muros 
En busca de los placeros ? 

¿Quó pude esperar, si al punto 
De entrar en Jerusalen, 

Llegar vi en disfráz oculto 

Al Emperador Conrado, 

Helando á lodos el susto 
Al verto llegar así ? 

¿ Pude acaso, esperar mucho 
De Jerusalen salicuclo 
A combatir en sus muros 
Las huestes Jo musulmaocs? 


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EL CRUZADO. 


s& 

A los tres reyes les plugo 
Poner el cerco á Damasco; 

Ellos ante el Padre justo 
Sabrán dar cuenta de todo. 

Alf. Si DOS fue el destino crudo 
Al asaltar las murallas, 

La culpa no es de ninguno 
De la Cruzada, que lodos, 

Bien sabe Dios, porque es justo. 

Lidiamos como cristianos 
A quien solo venció el número. 

Mas no la fé y el valor. 

JiLR. Dice bien: dígalo el turco 
A quien lo partió Conrado 

De un solo tajo presumo. 

Señores, que el dia viene. 

I.s mejor que cada uno 
Repose un ralo, quedando 
De entre nosotros alguno 

Que vele al rey yo seré. 

Alb. Vos descansad es mas justo 

Que yo mas jóven lo vele. 

JiLu. Bien, marques. Yo no os disputo 
Ni la juventud ni el sueño: 

Quedad, pues 

Alf. y yo le ayudo. 

JiLB. Y vos, Señor, ¿ á dormir 

Que me ayudareis presumo ? [A Bernardo ) 

[Váae.] 

ESCENA 3.^ 

Alfredo, Alberto. 

Alfredo se quita la coraza. 

Au. ? Por qué arrojas la coraza? 

¿ Gres que nada hay que temor ? 

Alf . No; es que bajo la armadura 
Nada tengo que perder; 


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EL CRUZADO. 


S5 


Me abrami, me pesa tanto 
Gomo mi cuerpo y mi alma. 

Au. Mi buen amigo, el dolor 
De tu pecho oo se calma; 

Y hoy que el iofortunio vemos 
Es necesario firmeza. 

Alf. Me falta, acaso, ? No viste 
Como lidié con fiereza 
Esta mañana T 

Alb. No es eso 

No es el volar del combate 

Sufres mucho, ¿ oo es verdad T 
Pues el dolor que te abate 
Es el que debes vencer. 

Yo te lo dije aquel dia, 

¿ Lo recuerdas ? aquel mismo 
Que dejamos ¿ Antioqufa. . . . 
o Te engañan. . . . Luis te precisa 
“ Y halaga tu vanidad; 

"Pero cuando no hagas falta, 

'< Probarás so falsedad. ” 

Alt. a si fué. . . . 

Alb. Cuando volviste. 

Qué te dijeron, Alfredo 1 
Alf. Nada. ... 

Alb. ¿Por qué me lo ocultas 7 

Alf. Oye: á tos instancias cedo. 

Recuerdas te di á Celina 
En las puertas de Antioqula, 

Aunque era yo el caballero 
Que conducirla debía. 

Alb. y ella, á pesar de tu engaño. 

Manifestó tal firmeza. 

Que roe hizo admirar su alma. 

Como admiré su belleza. 

Alf. Nada te dijo 7 

Alb. Muy poco. 

A diez leguas de Antioqoía 
Encontré un tercio de infieles 
Que custodiarla debía, 

Y me dijo al despedirse: 

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50 


EL CBCZADO. 


Puedes decir á ta amigo 
** Que aun se queda en el desierto 
(Jo peusamiento coomigo.” 
Poco eoteodí esta figura 

Y me volví, sigue pues. 

Alf. Del instante que partiste 

Volví á mi tienda después. 

No queriendo ir á Palacio 
Para que el rey no advirtiera 
Que no había obedecido 
Lo que su voz dispusiera. 

En ose dia los jefes 
Dijeron á los cruzados. 

Que en el siguiente debían 
Estar todos preparados 
Para marchar. . . . pero luego 
Que vino la noche umbría, 

Por fuerza el rey á Eleonora 
La arrebató de Antioquía, 

Y sin esperar el alba 
Nos pusimos en camino. 

Andando á Jerusalen 

A cumplir nuestro destino. 

La reina y todas sus damas 
Marchaban como de duelo, 

Y el rey muy poco cuidaba 
De prevenirlas consuelo; 

Y aun se corrió que un divorcio 
Estaba yá convenido. . . . 

Tres veces llegué á los carros 
De la reina, y con descuido, 

O mas bien indiferencia. 

Fui recibido por cHa. 

Alb. Lo creo. 

Alf. Pero una vez 

Seguí tan cerca su huella 
Que pude hablarla, y rae dijo : 

Que nada estaba en su mano 
** Do lo que había ofrecido, 

“ Que Luis era el soberano, 

“ Y que de su real palabra 


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EL CRUZADO. 


87 


<< Fuera á hacer reclamación.’' 
Alb. y fuiste ?. . . . 

Alp. ¿ Puedes pensarlo ? 

Aun hay en mj corazón 
Mucho orgullo. . . . alucinado 
Pude vivir un momento» 

Pero humillado, jamás. . . . 

Fui sin saberlo instrumento 
Quizá de viles intrigas; 

Mi ambición pudo cegarme 
Pero, cuando abrí los ojos. 

No quise vilipendiarme. 

¡Me mostraron una altura 

Y me tendieron la mano ! 

I Quién no quiere ver su frente 
Junto al Cíelo Soberano ! ! 1 
Ai^. Esto de ejemplo te sirva. 

Pues si es noble un caballero. 

Solo ha de deber sus lauros 
A los golpes de su acero. 

Alf. Si, mi Alberto, el pecho mío 
Si es ambicioso, es honrado: 

Tú me has visto esta mañana 
Batallando cual cruzado. 

Has visto á Ebrardo de Barres, 

* Mal herido y prisionero, 

Y me has visto libertarlo 
Cual cristiano caballero. 

El que mas me ha alucinado 
Reposa en aquesa estancia; 

Yo le guardaré su sueño. 

¡ Duerme en paz, 6 rey de Francia ! 
Alb. Sí, yo también se lo guardo. 

Pues sf, como hombre, á él 
Poco cariño le tengo. 

Como soldado soy fiel. 

Alfredo, descansa tú. 

Alf, Yete á tu tienda, del sueño 
Poco preciso. 

Alb. Tampoco 

Será de mis ojos dueño. 


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£L CRUZADO. 


ss 

Iré á recorrer el campo; 

Muy proalo será de dia. 

Alp. Aquí aie hallarás, Alberto. 

Ara. Dios cure lu suerte impía. [Váse ] 

ESCENA 

Alfredo. 

Se sienta en el banco que Luis ocupó. 

Air. ¿ Qué quieres en el fondo de mi ajilado seno, 

DoYOradora sierpe de mi felicidad ? 

¿ Qué quieres cuando el paso de mi ventura, lleno, 

Con desmedidos tragos lo consumiste yá ? 

A donde me conduce tu infatigable anhelo, 

Como la arista seca que lleva el huracán; 

Como entre la tormenta del irritado Cielo 
Las amarillas nubes que convulsivas van 7 

Ayer el universo rae parecía estrecho 
Para formar el éco feliz de mi ambición; 

Hoy todo es un cadáver dentro mi triste pecho; 

Me pesa la existencia, me duele el corazón. 

Magnífíco aparato de la soñadá gloria, 

Tu brillantino velo se evaporó fugáz l 
¿ Por qué no se evapora también de mi memoria 
Tu májico recuerdo, tu brillantez falaz 7 

ESCENA 6.^ 

Alfredo y Celina. 

Cüb.crta con un chai blanco de cackemira te vá acercando ientamente, y derrama- un pe- 
queño frasco en el jarro del agua. 

Alf. Por tí so fué la calma de mí alentado pecho. 

¿ Qué quiere todavía tu májico poder 7 

Qué quiere si ha dejado mi mundo tan estrecho. 

Que no cupo conmigo siquiera una mujer ? 


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EL CRUIADO. 


89 


Gel. Mírala junto á (i. 

ÁLF. Cielos I Celina! 

Cel. Que fantasma, ó mujer, ó sombra errante, 
Siempre junto á tu pié su pié cainioa. 

Alf. Gomo entraste, por Dios? 

Cel. Abro un diamante. 

Las puertas de murallas, ó de tiendas. 

Alf. Vete por compasión, nada mo digas. 

Nada, por Dios, del corazón pretendas 

Ya todo concluyó! 

Cel. Ah I no prosigas. 

No quiere hablar del corazón, Celina; 

Quiere hablar de amistad dulce, apacible; 

Ya que á la Europa Alfredo se encamina, 

Y en el desierto quedo ¿Es imposible ? 

Es el último instante de mirarnos 1 

Alf. El rey vá á despertar. 


Cel. No todavía. 

Aun podemos, Alfredo, regalamos 

Un postrimer adiós 

Alf. i Celina ! 

Cel. Fría [Le torot la mano 7 lo 

Tu mano está contra mi seno ardiente vuelve á teniir.] 


Déjala, Alfredo, por la vez postrera. 
¿Por quó miro tan pálida tu frente. 

Tan lánguida tu negra cabellera ? 
¿Sufres acaso? 

Alf. &lucho. 

Cel. En otros dias 

Cuán risueño buscabas mi regazo, 

Y al son de melodiosas armonías. 

Te arrullaba el amor entre mis brazos. 
¿ Lo recuerdas, Alfredo ? 


Alf. Sí, Celina. . . . • 

Cbl, Tengo sed ^Alf. la d& agua ] [Bebe.] 


En los vastos arenales 
Aun quedan de una noche peregrina 
De nuestro amor ardiente las señales. 

Qué noche 1 La recuerdas ? Las estrellas 

Poblablan el azul del firmamento, 

Y la luna magnífica entre ellas, 

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vo 


EL CEÜIADO^ 


De hermosa perecía uo íiojimiento. 

Al pié de dos palmeras confoodían 
Nuestras almas sus íntimos suspiros, 

Y á través de las hojas nos faeríao 
Hebras de luz de abrillantados jiros. 

Lo recuerdas, Alfredo ? 

Atr. Si, Celina. 

CiL. Tengo sed 

Y cambiando juramentos 
Volvimos á mi tienda, Amante y fina, 

Solo pensaba en tí y en los momentos 

Antes del dia ser, buscaste el sueno. 

Posando entre mis brazos tu cabeza; 
Diciéndome tu voz: ‘‘ mi dulce dueño, 

" Mi ánjel, mi estrella, mi sin par belleza.*' 
Alf. Si, Celina, es verdad: yo te adoraba; 

Pero otro amor mayor dentro mi seno 
A tu amor y. á mi vida separaba, 

Y echó en tu amor y mi existir veneno. 

Qué me quieres, por Dios ! arroja un velo 
Que cubra para siempre esos amores 

No es, no, mi corazón Inquiere el Ciclo. 

No aumentes con tu voz mis sinsabores; 
Pronto voy á partir. Qué hacer podría 
Sino mas iracunda tu amargura ? 

Cel. Dormías en mis brazos todavía 
Cuando vino del alba la luz pura; 

Así, precisamente, cual ahora 
Una pálida luz váse mosiraodo, 

Y al despertarme al rezo de la aurora, 

Te contemplé dormido y suspirando; 

Y al despertar, coronas en tu frente 

Y millares de esclavos valerosos 

Te ofrecí con amor 

Alf. Por Dios, detente. 

Los momentos, Celina, son preciosos 

Se acerca el dia, vete, huye al instante. 

Cel. Dame mas agua 

Bien, tus compaoerus 

Penetraron mi tienda y tú, mi amante, 

No impediste al mas vil de los guerreros. 


[Alf. li di agua.] [Bvbe ) 


ICttiina ¥4 dcbiiitAnch) 
V >2 cada vez mas.] 


I Bebe ] 


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EL CRUZADO. 


DI 


Que me hablase de amor. £q Anlioquiii 

Mi Alfredo huyó de mi 

Air. ¿ Oyes ? 

Cel. Su seno 

Contra ei de otra mujer unir quería. 

Alf. Nos perdemos los dos 1 - 

Cel. Un nazareno 

Me seguía cual tigre del desierto 

Y Alfredo á defenderme no \olaba. 

Alf. Vete por compasión 1 

Cel. Su pecho yerto 

Ni un suspiro de amor me regalaba. 

Me abandonó por fío. 

Alf. Por ese amor lo pido: 

Se acercan, ¿ no lo oís ? 

Cel. Sí, ya me ausento. . 

Un poco de agua mas. 

Aquí en mi oido 

Dime una sota ?oz es un momento. 

¿No mejoraste, Alfredo, \ivirias 
Para mí corazón ? 

Alp. Sí, 

Cel. y morirías 

Guardándome el postrero pensamiento. 

Alf. Sí. 

Cel. Pues cumple tan bello juramento 
Alf. Ayl 

Cel. El último es, y al fin es mío. 

Alf. Santo Dios ! 

Cel. De tus manos uu veneno 

He estado gota á gota dentro el seno 

Recibiendo por ti débil y frió, 

Mi espirita se vá. «... pero el desierto 

Alf. Ahí 

CiL. Verá junto á ti mi cuerpo yerto 

ESCENA 6.^ 


[Se toca una a! horada ' 
dentro.] 


fSe oye ruido ] 


[ Bebe. ] 


[Levantando un puna! 
ha traído ocuíto, de modo 
que Alfredo no lo oote.] 
[Lo hiere ] 


[Muere.] 


Luis, Alberto, Bernardo, y los deínás caballeros, 

LtJis. Estáis listos, Señores ? mas ¿ qué veo ? ^ 

Alb. i Alfredo. • . muerto I. . . Y tú ? [A Cíiina.j 


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EL CRUZADO* 


Cel. Yo? lo acompaño. 

Alb. i Miserable 1 

Cel. • Callad: nuestro reposo 

Los tigres lo respetan Europeo, 

Vuelye á tu patria y cuenta sin engaño 

Como saben amar en el desierto 

Ya nada se opondrá juntos estamos. 

Luis. Qué horror I 

CbL. Alfredo. ¡ahí 

Luis. Señores, vamos. 


✓ 

Ehl DEL drama. 



ICelina haca eafasrzei 
poraoeteDsr á Aifrtdo sn<* 
ire BUS brazos ] 


[Muere.] 


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